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La continuidad:
Si la vida espiritual acompaña al musulmán horizontalmente y en
cualquier lugar en todos los aspectos de su vida, pues le debe acompañar
verticalmente y en todos los tiempos hasta que se encuentre con Dios. Y si en
algunas religiones le basta al hombre adorar a Dios un solo día en la semana, o
mejor dicho una hora al día para luego reanudar sus placeres y ocupaciones
personales, pues el Islam tiene otra postura.
Hay un tipo de adoración que el musulmán debe hacer una sola vez en su
vida como la peregrinación. Hay otro tipo que es anual como ayunar el mes de
Ramadán y sacar Azacat (el impuesto de riquezas que se da a los pobres,
porcentaje de 2,5%). Y hay otro tipo que es semanal como la oración del
viernes. Y junto a estos tipos tenemos un tipo que es diario que liga al musulmán
siempre con su Dios cinco veces al día: le recuerda si olvida, le advierte si
se desvía y le da fuerzas si se debilita. Son las oraciones obligadas que el
Islam considera la columna de la religión, y el criterio con el cual se distingue
el musulmán del incrédulo: “Haz la oración en las dos horas extremas del día
y en las primeras de la noche. Las buenas obras disipan las malas. Ésta es una
amonestación para los que recuerdan.” (Sura 11/ 114)
Es una adoración que el musulmán debe cumplir en el viaje, en la sanidad
y en la enfermedad, en momentos de paz y de guerra y no cae bajo cualquier
pretexto.
Por esta razón encontramos en el Fiqh islámico (la metodología para convertir en legislación aplicable las
normas del Corán y de la Sunna.) cuando se corta o se alarga la oración del viajero. Y como dice el
mensajero de Dios sobre la oración del enfermo: “Reza de pie, si no puedes:
sentado, y si no puedes pues acostado”. También la oración del miedo (la
oración de la guerra) sobre la que Dios Enaltecido sea dice: “Cuando estés
con ellos y les dirijas la oración, que un grupo se mantenga de pie a tu lado,
arma en mano. Cuando se hayan prosternado, que vayan atrás y que otro grupo que
aún no haya orado venga y ore contigo. ¡Que tengan cuidado y no dejen las armas
de la mano!” (Sura 4: 102)
Dicho con otras palabras, el musulmán no debe jamás dejar la oración
esté donde esté y como esté en la medida de lo posible “. ¡Observad
las oraciones -sobre todo. la oración intermedia- y estad con devoción ante
Alá! Si teméis algún peligro, de pie o montados. Y, cuando estéis en
seguridad, ¡recordad a Alá... cómo os enseño lo que no sabíais...!” (Sura
2/ 238-239)
En resumidas cuentas, el musulmán tiene que mencionar a Dios en todas
sus situaciones “ ¡Creyentes! ¡Recordad mucho a Alá! ¡Glorificadle
mañana y tarde!” (Sura 33/ 41-42) hasta que le venga la muerte. “¡Y
sirve a tu Señor hasta que venga a ti la cierta (la muerte)!”(Sura 15/ 99)
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La facilidad y la cabida:
La vida espiritual en el Islam, a pesar de su extensión, globalidad y
continuidad, es una vida fácil, no le cuesta al musulmán más de sus
posibilidades y capacidades, y no es extraño encontrar que el Corán niega toda
dificultad en la práctica de la religión “Él os eligió y no os ha impuesto
ninguna carga en la religión” (Sura 22: 78) Y dice al final del versículo de
la purificación “Alá no quiere imponeros ninguna carga” (Sura 5: 6) y al
final del versículo del ayuno al hablar del permiso que otorga al viajero y al
enfermo para comer “Alá quiere hacéroslo fácil y no difícil”. (Sura 2:
185) El Corán menciona una peculiaridad del profeta para la gente del libro
(judíos y cristianos) “A quienes sigan al Enviado, el Profeta de los
gentiles, a quien ven mencionado en sus textos: en la Tora y en
el Evangelio, que les ordena lo que está bien y les prohíbe lo que está
mal, les declara lícitas las cosas buenas e ilícitas las impuras, y les libera
de sus cargas y de las cadenas que sobre ellos pesaban.” (Sura 7:
157) Este es el título de su mensaje que habla de la facilidad y la cabida y de
quitar las cargas pesadas que tenían los pueblos anteriores, por eso Dios
enseña a los creyentes decir en sus invocaciones: “Alá no pide nada a nadie
más allá de sus posibilidades. Lo que uno haya hecho redundará en su propio
bien o en su propio mal. ¡Señor! ¡No castigues nuestros olvidos o nuestras faltas!
¡Señor! ¡No nos impongas una carga como la que impusiste a quienes nos
precedieron! ¡Señor! ¡No nos impongas más allá de nuestras fuerzas! ¡Y
absuélvenos, perdónanos, apiádate de nosotros! ¡Tú eres nuestro Protector!
¡Auxílianos contra el pueblo infiel!” (Sura 2: 286)
De allí encontramos que la vida espiritual en el islam cabe para toda
clase de gente: baja, media y alta como dice el Corán: “Luego, hemos dado en
herencia la Escritura a aquéllos de Nuestros siervos que hemos
elegido. Algunos de ellos son injustos consigo mismos; otros, siguen una vía
media; otros, aventajan en el bien obrar, con permiso de Alá. Ése es el gran
favor.” (Sura 35: 32)
El injusto consigo mismo: es quien oscila entre cumplir e incumplir o no
las obligaciones de la religión.
Él de la vía media: es quien cumple las obligaciones y deja las
prohibiciones sin negligencia o flojera.
El adelantado en hacer el bien:
es quien adora con entusiasmo y evita todos los caminos que le puedan
llevar a cometer un pecado, y no solo cumple con sus obligaciones sino que
busca acercarse a Dios con Annawafil (oraciones opcionales que se rezan a lo
largo del día y en la noche y que no son obligatorias) hasta que consiga el
amor de Dios, como dice el famoso hadiz Qudsi (lo que recita el mensajero de
Dios de la parte de Allah): “…mientras mi siervo se acerca a Mí con Annawafil
hasta que le quiera, y si le quiero yo seré su oído con que oye, su vista con
que ve, su mano con que pega y su pie con que anda. Y si me pide algo, se lo
daré. Y si se refugia en Mí le refugiaré.” Narrado por Bujarí.
Entonces si con las obligaciones nos acercamos a Dios, pues con Annawafil
logramos el amor de Dios y es el grado de “el adelantado en hacer el bien”.
A modo de ejemplo de la vida espiritual en el Islam, aducimos él del
árabe quien vino a preguntar al mensajero de Dios sobre las obligaciones del
Islam, y el mensajero se las enseñó: “las cinco oraciones, Zakat (impuesto
religioso anual que los ricos deben dar a los pobres), ayunar el Ramadán y la
peregrinación a la Meca”. Pues le preguntó si hay más obligaciones, el
mensajero de Dios le contestó que no, sino voluntariamente. Al final este árabe
dijo sinceramente: “Por Dios no haré más que eso ni menos”. Pues el
profeta dijo: “Entrará al paraíso si es sincero”.
La cabida de la vida espiritual en el islam abarca también a los desobedientes
arrepentidos y no se cierra la puerta de la misericordia ante sus caras sean
cual sean sus pecados o sus crímenes, el Corán dice: “Di: «¡Siervos que
habéis prevaricado en detrimento propio! ¡No desesperéis de la misericordia de
Alá! Alá perdona todos los pecados. Él es el Indulgente, el Misericordioso».”
(Sura 39: 53)
Fíjese como Dios mandó a su mensajero que les llamara suavemente a pesar
de su desobediencia: “¡Oh siervos míos!” para hacerles sentir que el
lazo que tienen con Dios aún no se ha cortado y que les considera sus siervos a
pesar de todo, y que no deben perder la esperanza en Dios porque solo los
desviados quienes desesperan de la misericordia de Dios y solo los incrédulos
“No desesperéis de la misericordia de Alá, porque sólo el pueblo infiel
desespera de la misericordia de Alá!” (Sura 12: 87)
Dios ha mencionado en el Corán un pueblo de politeístas que mataron,
fornicaron y después se arrepintieron y Dios aceptó su arrepentimiento “No
invocan a otro dios junto con Alá, no matan a nadie que Alá haya prohibido, si
no es con justo motivo, no fornican. Quien comete tal, incurre en castigo. El
día de la Resurrección se le doblará el castigo y lo sufrirá eternamente
humillado. Excepto quien se arrepienta, crea y haga buenas obras. A éstos
Alá les cambiará sus malas obras en buenas. Alá es indulgente, misericordioso.” (Sura 25: 68-70)
Y cuando el sabio El Basri, que Dios esté complacido con él, leyó lo que
dice Dios, Enaltecido sea, en este versículo: “Quienes sometan a los
creyentes y a las creyentes a una prueba con tormento y no se arrepientan
luego, tendrán el castigo de la gehena, el castigo de su fuego.” (Sura 85:
10)Dijo asombrado por la gran misericordia de Dios: “¡Matan a sus fieles siervos
y aún así no les desespera de su misericordia!”
Y por último, mencionamos la historia de la mujer quien cometió el gran
pecado de la fornicación estando casada, e insistía en aplicar el castigo de
Dios (lapidación hasta la muerte y se aplica también para el hombre casado)
sobre ella a pesar de su dolor y fuerza (para expiar su pecado). Y el profeta
dijo: “Esta mujer se ha arrepentido con un arrepentimiento que si se divide
sobre setenta hombres de la Medina les cabrá a todos.” Narrado por Muslem,
Ibn Dáwud y Nissaí.
Lea también sobre el resto de las características:
El gran sabio del Islam: Sheikh. Yusuf El karadawi
Traducido por el profesor Othman HJIRA
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