sábado, 28 de junio de 2014

Las características de la vida espiritual en el Islam (parte III): La continuidad - La facilidad y la cabida.

-      La continuidad:

Si la vida espiritual acompaña al musulmán horizontalmente y en cualquier lugar en todos los aspectos de su vida, pues le debe acompañar verticalmente y en todos los tiempos hasta que se encuentre con Dios. Y si en algunas religiones le basta al hombre adorar a Dios un solo día en la semana, o mejor dicho una hora al día para luego reanudar sus placeres y ocupaciones personales, pues el Islam tiene otra postura.

Hay un tipo de adoración que el musulmán debe hacer una sola vez en su vida como la peregrinación. Hay otro tipo que es anual como ayunar el mes de Ramadán y sacar Azacat (el impuesto de riquezas que se da a los pobres, porcentaje de 2,5%). Y hay otro tipo que es semanal como la oración del viernes. Y junto a estos tipos tenemos un tipo que es diario que liga al musulmán siempre con su Dios cinco veces al día: le recuerda si olvida, le advierte si se desvía y le da fuerzas si se debilita. Son las oraciones obligadas que el Islam considera la columna de la religión, y el criterio con el cual se distingue el musulmán del incrédulo: “Haz la oración en las dos horas extremas del día y en las primeras de la noche. Las buenas obras disipan las malas. Ésta es una amonestación para los que recuerdan.” (Sura 11/ 114)

Es una adoración que el musulmán debe cumplir en el viaje, en la sanidad y en la enfermedad, en momentos de paz y de guerra y no cae bajo cualquier pretexto.

Por esta razón encontramos en el Fiqh islámico (la metodología para convertir en legislación aplicable las normas del Corán y de la Sunna.) cuando se corta o se alarga la oración del viajero. Y como dice el mensajero de Dios sobre la oración del enfermo: “Reza de pie, si no puedes: sentado, y si no puedes pues acostado”. También la oración del miedo (la oración de la guerra) sobre la que Dios Enaltecido sea dice: “Cuando estés con ellos y les dirijas la oración, que un grupo se mantenga de pie a tu lado, arma en mano. Cuando se hayan prosternado, que vayan atrás y que otro grupo que aún no haya orado venga y ore contigo. ¡Que tengan cuidado y no dejen las armas de la mano!” (Sura 4: 102)

Dicho con otras palabras, el musulmán no debe jamás dejar la oración esté donde esté y como esté en la medida de lo posible “. ¡Observad las oraciones -sobre todo. la oración intermedia- y estad con devoción ante Alá! Si teméis algún peligro, de pie o montados. Y, cuando estéis en seguridad, ¡recordad a Alá... cómo os enseño lo que no sabíais...!” (Sura 2/ 238-239)

En resumidas cuentas, el musulmán tiene que mencionar a Dios en todas sus situaciones “ ¡Creyentes! ¡Recordad mucho a Alá!  ¡Glorificadle mañana y tarde!” (Sura 33/ 41-42) hasta que le venga la muerte. “¡Y sirve a tu Señor hasta que venga a ti la cierta (la muerte)!”(Sura 15/ 99)


-      La facilidad y la cabida:

La vida espiritual en el Islam, a pesar de su extensión, globalidad y continuidad, es una vida fácil, no le cuesta al musulmán más de sus posibilidades y capacidades, y no es extraño encontrar que el Corán niega toda dificultad en la práctica de la religión “Él os eligió y no os ha impuesto ninguna carga en la religión” (Sura 22: 78) Y dice al final del versículo de la purificación “Alá no quiere imponeros ninguna carga” (Sura 5: 6) y al final del versículo del ayuno al hablar del permiso que otorga al viajero y al enfermo para comer “Alá quiere hacéroslo fácil y no difícil”. (Sura 2: 185) El Corán menciona una peculiaridad del profeta para la gente del libro (judíos y cristianos) “A quienes sigan al Enviado, el Profeta de los gentiles, a quien ven mencionado en sus textos: en la Tora y en el Evangelio, que les ordena lo que está bien y les prohíbe lo que está mal, les declara lícitas las cosas buenas e ilícitas las impuras, y les libera de sus cargas y de las cadenas que sobre ellos pesaban.”  (Sura 7: 157) Este es el título de su mensaje que habla de la facilidad y la cabida y de quitar las cargas pesadas que tenían los pueblos anteriores, por eso Dios enseña a los creyentes decir en sus invocaciones: “Alá no pide nada a nadie más allá de sus posibilidades. Lo que uno haya hecho redundará en su propio bien o en su propio mal. ¡Señor! ¡No castigues nuestros olvidos o nuestras faltas! ¡Señor! ¡No nos impongas una carga como la que impusiste a quienes nos precedieron! ¡Señor! ¡No nos impongas más allá de nuestras fuerzas! ¡Y absuélvenos, perdónanos, apiádate de nosotros! ¡Tú eres nuestro Protector! ¡Auxílianos contra el pueblo infiel!” (Sura 2: 286)

De allí encontramos que la vida espiritual en el islam cabe para toda clase de gente: baja, media y alta como dice el Corán: “Luego, hemos dado en herencia la Escritura a aquéllos de Nuestros siervos que hemos elegido. Algunos de ellos son injustos consigo mismos; otros, siguen una vía media; otros, aventajan en el bien obrar, con permiso de Alá. Ése es el gran favor.” (Sura 35: 32)

El injusto consigo mismo: es quien oscila entre cumplir e incumplir o no las obligaciones de la religión.
Él de la vía media: es quien cumple las obligaciones y deja las prohibiciones sin negligencia o flojera.

El adelantado en hacer el bien:   es quien adora con entusiasmo y evita todos los caminos que le puedan llevar a cometer un pecado, y no solo cumple con sus obligaciones sino que busca acercarse a Dios con Annawafil (oraciones opcionales que se rezan a lo largo del día y en la noche y que no son obligatorias) hasta que consiga el amor de Dios, como dice el famoso hadiz Qudsi (lo que recita el mensajero de Dios de la parte de Allah): “…mientras mi siervo se acerca a Mí con Annawafil hasta que le quiera, y si le quiero yo seré su oído con que oye, su vista con que ve, su mano con que pega y su pie con que anda. Y si me pide algo, se lo daré. Y si se refugia en Mí le refugiaré.” Narrado por Bujarí.

Entonces si con las obligaciones nos acercamos a Dios, pues con Annawafil logramos el amor de Dios y es el grado de “el adelantado en hacer el bien”.

A modo de ejemplo de la vida espiritual en el Islam, aducimos él del árabe quien vino a preguntar al mensajero de Dios sobre las obligaciones del Islam, y el mensajero se las enseñó: “las cinco oraciones, Zakat (impuesto religioso anual que los ricos deben dar a los pobres), ayunar el Ramadán y la peregrinación a la Meca”. Pues le preguntó si hay más obligaciones, el mensajero de Dios le contestó que no, sino voluntariamente. Al final este árabe dijo sinceramente: “Por Dios no haré más que eso ni menos”. Pues el profeta dijo: “Entrará al paraíso si es sincero”.

La cabida de la vida espiritual en el islam abarca también a los desobedientes arrepentidos y no se cierra la puerta de la misericordia ante sus caras sean cual sean sus pecados o sus crímenes, el Corán dice: “Di: «¡Siervos que habéis prevaricado en detrimento propio! ¡No desesperéis de la misericordia de Alá! Alá perdona todos los pecados. Él es el Indulgente, el Misericordioso».” (Sura 39: 53)

Fíjese como Dios mandó a su mensajero que les llamara suavemente a pesar de su desobediencia: “¡Oh siervos míos!” para hacerles sentir que el lazo que tienen con Dios aún no se ha cortado y que les considera sus siervos a pesar de todo, y que no deben perder la esperanza en Dios porque solo los desviados quienes desesperan de la misericordia de Dios y solo los incrédulos “No desesperéis de la misericordia de Alá, porque sólo el pueblo infiel desespera de la misericordia de Alá!” (Sura 12: 87)

Dios ha mencionado en el Corán un pueblo de politeístas que mataron, fornicaron y después se arrepintieron y Dios aceptó su arrepentimiento “No invocan a otro dios junto con Alá, no matan a nadie que Alá haya prohibido, si no es con justo motivo, no fornican. Quien comete tal, incurre en castigo. El día de la Resurrección se le doblará el castigo y lo sufrirá eternamente humillado. Excepto quien se arrepienta, crea y haga buenas obras. A éstos Alá les cambiará sus malas obras en buenas. Alá es indulgente, misericordioso.” (Sura 25: 68-70)

Y cuando el sabio El Basri, que Dios esté complacido con él, leyó lo que dice Dios, Enaltecido sea, en este versículo: “Quienes sometan a los creyentes y a las creyentes a una prueba con tormento y no se arrepientan luego, tendrán el castigo de la gehena, el castigo de su fuego.” (Sura 85: 10)Dijo asombrado por la gran misericordia de Dios: “¡Matan a sus fieles siervos y aún así no les desespera de su misericordia!”


Y por último, mencionamos la historia de la mujer quien cometió el gran pecado de la fornicación estando casada, e insistía en aplicar el castigo de Dios (lapidación hasta la muerte y se aplica también para el hombre casado) sobre ella a pesar de su dolor y fuerza (para expiar su pecado). Y el profeta dijo: “Esta mujer se ha arrepentido con un arrepentimiento que si se divide sobre setenta hombres de la Medina les cabrá a todos.” Narrado por Muslem, Ibn Dáwud y Nissaí.

Lea también sobre el resto de las características:


El gran sabio del Islam: Sheikh. Yusuf El karadawi


Traducido por el profesor Othman HJIRA

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