El
seguimiento:
La
vida espiritual en el Islam no es una materia coloidal que la gente puede formar
como quiera y con lo que quiera sino que es una vida sometida a las leyes de la
legislación divina.
Y
si la esencia de la vida espiritual es la buena relación que se tiene con Dios
mencionándole, agradeciéndole y adorándole correctamente, esta relación,
pues, se somete a dos bases esenciales:
La
primera: adorar solamente a Dios sin asociarle nada (ni profeta, ni genio, ni estatua…)
“Pero no se les ordenó sino que sirvieran a Dios, rindiéndole culto sincero”
(Sura 98/5). “Quién cuente con encontrar a su Señor, que haga buenas,
obras y que cuando adore a su Señor, no Le asocie nadie”. (Sura 18/ 110)
La
segunda: no adorar a Dios sino con lo que ha legislado en su libro, y a través
de su mensajero que la paz y los rezos sean con él, para que nadie invente en
la religión lo que Dios no ha permitido.
Originalmente,
no se debe adorar a Dios sin que haya un
texto que lo muestra. Por el contrario, los tratamientos y las costumbres
sociales son permitidas hasta que venga un texto que los prohíba.
Abu
Ala Alfadl Ibn Iyád (Dios esté complacido con él) fue preguntado sobre el
versículo: “para ver quién de vosotros es el que mejor se porta” (Sura
67/ 2) ¿Qué obra es la mejor? Les contestó: la mejor de las obras es la pura y
la correcta, ninguna obra será aceptada fuera de estos dos criterios. Le
preguntaron: ¿cómo puede ser pura y correcta? Les contestó: Para ser pura tiene
que hacerse solo con el propósito de complacer a Dios y para ser correcta debe
ser de acuerdo con la Sunna del profeta (hechos y dichos del profeta).
Los
que crean a su antojo unas formas e inventan nuevos métodos para adorar a Dios
están cometiendo un craso error pese a que su propósito sea acercarse a Dios:
no hay que recurrir a las inclinaciones personales ni a las ganas para adorar a
Dios, porque siempre hay que ir de acuerdo con la revelación divina.
Por
esta razón, el mensajero de Dios dijo: “seguid mi Sunna y la de los califas
guiados después de mí, agarradlas con vuestros dientes. Y tened cuidado de las
cosas inventadas (en la religión) porque
cada cosa que se inventa es un desvío.”
La extensión
y la globalización:
El
musulmán no vive dos vidas paradójicas: una espiritual y otra material independientemente,
sino que es una sola vida en la que se aglutina lo espiritual con lo material
como si fueran el cuerpo y el alma.
La
vida espiritual del musulmán es extensa, profunda y global, le acompaña en
todos los aspectos de la vida y no solo en la mezquita a la hora de rezar para
luego irse a rienda suelta. El musulmán está siempre con Dios, sin desatender,
olvidar o descuidar su control: “De Alá son el Oriente y el Occidente.
Adondequiera que os volváis, allí está la faz de Alá. Alá es inmenso,
omnisciente.” (Sura 2/ 115). “¿No ves que Alá conoce lo que está en los
cielos y en la tierra? No hay conciliábulo de tres personas en que no sea Él el
cuarto, ni de cinco personas en que no sea Él el sexto. Lo mismo si son menos
que si son más, Él siempre está presente, dondequiera que se encuentren. Luego,
el día de la Resurrección, ya les informará de lo que hicieron. Alá es
omnisciente.” (Sura 58/ 7)
Por eso se ha ordenado mencionar a
Dios e implorarle en todos los asuntos de la vida: al entrar a casa y al salir,
a la hora de comer y beber, al viajar y al sufrir, e incluso en el coito: “¡Creyentes! ¡Recordad mucho a Alá! ¡Glorificadle
mañana y tarde!” (Sura 33/ 41-42)
Tampoco el trabajo del musulmán es aislado de su vida espiritual,
siempre tiene que tener la observación de Dios e intentar perfeccionarlo sin
engaño o traición, el mensajero de Dios dice: “A Dios le gusta que cuando un
trabajador hace su trabajo que lo haga bien”.
Y no tiene que entretenerse con algo mundanal en detrimento del deber
que tiene hacia Dios sobre todo cuando se llama a la oración como lo describe
Dios en este versículo: “En casas que Alá ha permitido erigir y que se
mencione en ellas Su nombre. En ellas Le glorifican, mañana y tarde, hombres
a quienes ni los negocios ni el comercio les distraen del recuerdo de Alá, de
hacer la azalá (la oración) y de dar el azaque (el impuesto que los ricos deben
dar a los pobres). Temen un día en que los corazones y las miradas sean puestos
del revés.” (Sura 24/ 36-37)
A sabiendas que el musulmán con su buen propósito (de complacer a Dios)
puede convertir a todas sus obras en adoraciones, y se le recompensa por todo,
incluso por “El trozo de comida que pone en la boca de su esposa” (Dicho
del profeta), también por las relaciones sexuales lícitas que mantiene con su
esposa, el profeta de Dios dijo: “Vuestro coito es una limosna”. Dijeron:
¡Oh mensajero de Dios! ¿Será recompensado él que se acuesta con su esposa?
Dijo: ¿No es cierto que si lo hace ilícitamente será un pecado? Entonces Alá le
recompensará si lo hace lícitamente.” (Narrado por Muslem)
El objetivo de todo lo dicho es que toda la tierra debe ser una mezquita
para el musulmán, y que todas sus obras deben convertirse en una adoración a
Dios para sentirse siempre con Él.
Lea también sobre el resto de las características:
El gran sabio del Islam: Sheikh. Yusuf El karadawi
Traducido por el profesor Othman HJIRA
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