"Y desde el extremo de la ciudad vino un hombre corriendo que dijo:
¡Gente mía! ¡Seguid a los enviados! (20) ¡Seguid a quienes no os piden
nada a cambio y están guiados! (21) ¿Cómo podría no adorar a Quien me creó
y a Quien habéis de volver? (22) ¿Vais a tomar, aparte de Él, dioses, cuya
intercesión no me valdría de nada si el Misericordioso quisiera causarme algún
daño y que tampoco podrían salvarme? (23) Si lo hiciera, estaría
claramente extraviado. (24) Yo creo realmente en vuestro Señor, escuchadme
pues. (25) Se dijo: ¡Entra en el Jardín! Dijo: ¡Pobre de mi gente! Si supieran
(26) que mi Señor me ha perdonado y me ha puesto entre los que Él ha
honrado. (27)"
(Sura 36)
En
estos versículos de la sura Ya-Sin, Dios nos transmite una serie de lecciones y
de valores que cada hombre en este mundo debe seguir. El hombre del que hablan
estos versículos es un hombre altruista que se interesa por su pueblo y por su
patria. Es un modelo del hombre reformista que procura el bien y no de quien
vive solo para sí mismo "yo y después el diluvio". Es un hombre cuyo
objetivo en la vida es: "No hay más que un solo Dios" siguiendo así
el ejemplo de los profetas y los mensajeros de Dios que proclamaban la
adoración a un solo Dios sin asociar nada con Él.
Veamos
las lecciones que entrañan estos versículos:
1- Apresurarse hacia el bien: "Y desde el extremo de la
ciudad vino un hombre corriendo que dijo: ¡Gente mía! ¡Seguid a los enviados!".
Cuando este hombre oyó hablar de la incredulidad de su pueblo al rechazar
seguir a los enviados, él no quedó indiferente ante tal situación, de tal modo
que corrió rápido hacia la ciudad para aconsejarles. De tal actitud, `podemos
deducir que este hombre es el mejor ejemplo
del creyente activo, del creyente
que no vive en su torre de marfil sin interesarse de lo que ocurre en su entorno.
2- Tener una personalidad independiente: a pesar de la incredulidad de su
pueblo, este hombre no ha seguido sino la verdad "Yo creo realmente en vuestro Señor,
escuchadme pues" y no se ha dejado llevar por lo que cree la multitud
como suele ocurrir con muchas personas que no pueden resistir a que la sociedad
les margine por lo que piensan aunque tengan la razón. Es el ejemplo del
creyente fuerte ante la verdad y que no teme sino a Allah. El verdadero
creyente no tiene que ser como dice el refrán: "¿A dónde va Vicente? ¡A
dónde va la gente!".
3- Desea el bien para los demás: como leemos en los versículos, Allah
le ha otorgado el paraíso a este hombre como recompensa por su actitud y su postura
fuerte y positiva. Pero, ¿cuál era su actitud hacia su pueblo después de haber
logrado el paraíso? ¿se hizo indiferente? ¿se puso a burlarse de ellos? No,
nada de eso. Lo primero en el que pensó era su pueblo, y deseó que su pueblo
supiera que Allah le había honrado en el paraíso para que procurara seguir a
los mensajeros y lograr el mismo que él había logrado. "Se dijo: ¡Entra
en el Jardín! Dijo: ¡Pobre de mi gente! Si supieran (26) que mi Señor me
ha perdonado y me ha puesto entre los que Él ha honrado. (27)".