Escrito por: Othman Hjira
Mientras el Corán describe a Jesús de la mejor manera y elogia su
elevada moralidad: “Yo soy el siervo de Allah. Él me ha dado el Libro y me
ha hecho profeta. Y me ha hecho bendito
dondequiera que esté y me ha encomendado la Oración y la purificación mientras
viva. Y ser bondadoso con mi madre; no me ha hecho
ni insolente ni rebelde. La paz sea sobre mí el
día en que nací, el día de mi muerte y el día en que sea devuelto a la vida.”
(María: 29-32) Contrariamente a lo que uno piensa, y en lugar de transmitirnos
una imagen que concuerda con los principios de la “paz” y del “amor”, los
cuatro evangelios nos ofrecen unas escenas chocantes que nos transmiten unas conductas
y posturas que dañan la hermosa imagen que tiene Jesús en el corazón de todos los
que creen en él, lo cual brinda a los ateos y a los que no creen en él una
buena excusa para justificar su negación a Jesús. Es consabido que todos los
enviados de Dios son escogidos por su buena conducta y su excelente moralidad,
no tiene sentido que Dios escoja a alguien que no sea un buen modelo para los
demás. Pero, según parece, la Biblia tiene otra opinión. Leamos los textos:
-
El uso mal intencionado de las parábolas:
“Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le
preguntaron sobre la parábola. Y les dijo: A vosotros os es dado saber el
misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las
cosas; para que viendo, vean y no perciban; y
oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados
los pecados.” (Marcos 4:10-12) Según este texto, Jesús les hablaba con
parábolas a sus discípulos para que aquellos quienes estaban fuera no
comprendieran nada y así se mantuvieran alejados de conseguir el perdón de sus
pecados. ¿No se supone que Jesús fue enviado con el propósito de guiar a la
gente hacia el arrepentimiento y el perdón de los pecados? ¿No dice en otro
texto que él “no ha venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento”
(Lc 5:32)? Sin embargo, este texto nos transmite la imagen de un Jesús despreocupado
por los pecadores.
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El maltrato a la madre:
Los evangelios nos ofrecen dos chocantes escenas en las que Jesús se
comporta mal con su madre. El primero está en el evangelio de Juan 2:1-10, se
menciona que Jesús y sus discípulos estaban invitados a una boda en Caná de
Galilea, y cuando se les acabó el vino, su madre le informó al respecto por lo
que Jesús les ordenó llenar de agua las tinajas y luego la convirtió en vino, lo cual fue su
primera señal de su gloria y poder. Pero el texto más chocante es este: “Y
faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha
venido mi hora.” ¿No suena grosero que Jesús hable así con su madre? El segundo
texto está en Mateo 12:46-50, dice: “Mientras él aún hablaba a la gente, he
aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar. Y
le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. Respondiendo
él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y
extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis
hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que
está en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre.” ¿Qué madre en
este mundo aceptaría que su hijo le respondiera con esa forma tan grosera y
carente de respeto como si fuera una mujer cualquiera? ¿Cómo se sentiría una
madre si se diera cuenta de que su hijo es indiferente y grosero ante su
presencia? Seguramente ninguna, pero parece que Jesús, según le atribuyen en
este texto, aún le faltaba educarse en este aspecto.
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¡Jesús ordena aborrecer a los más cercanos y amar a los enemigos!
Cuenta el evangelio de Lucas que para ser un discípulo de Jesús, es
necesario que uno termine aborreciendo a todos seres cercanos e incluso su
propia vida: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y
mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede
ser mi discípulo.” (Lucas 14:26) En cambio, cuando vemos cómo nos
ordena tratar a los enemigos y los que nos aborrecen dice: “Pero yo os digo:
Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que
os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para
que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:44-45) ¿Cómo
es posible que Jesús ordene aborrecer a los seres más cercanos y queridos y al
mismo tiempo amar a los enemigos y orar por ellos? Eso es una farsa, y no me
parece digno de ser atribuido al profeta Jesús que la paz sea con él.
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Jesús ha venido a traer espada:
Otro texto muy chocante atribuido a Jesús dice: “No penséis que he
venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada (en
Lucas dice “fuego”). Porque he venido para poner en disensión
al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su
suegra; y los enemigos del hombre serán los de su
casa.” (Mateo 10:34-36) Los cristianos intentan suavizar este texto tan
cruel diciendo que se refiere a que esa disensión será por culpa del rechazo
que deberían experimentar los creyentes de Jesús por parte de sus familiares.
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El Jesús el indiferente hacia los sentimientos de los demás:
“Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya
y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos
entierren a sus muertos.” (Lucas 9:59-60) Querido lector, ¿osaría usted a
responderle así a alguien a quien le acaba de morir su padre y debe asistir a
su entierro? ¿No iría usted mismo a acompañarle en la ceremonia fúnebre? ¿Cree
usted que esta conducta puede proceder de un gran maestro y profeta de Dios?
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¡Jesús desprecia a una mujer por no ser israelita y la califica de
perra!
“Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región
clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es
gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió palabra.
Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces
tras nosotros. Él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las
ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se
postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo:
No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y
ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de
la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer,
grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde
aquella hora.” ¿Qué iba a perder Jesús si hubiese sanado a su hija desde el
principio sin necesidad de despreciarla de esa forma tan grosera? Es imposible
que esa sea la verdadera moral de Jesús. Además, este texto contiene una declaración
que contradice por completo las alegaciones de la iglesia de que el mensaje de
Jesús es universal, dice: “No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la
casa de Israel”, ¡y ese sentimiento racista fue el motivo por el cual Jesús
despreció a la mujer cananea y negó curar a su hija!
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¡El Jesús mentiroso!
Cuando los hermanos de Jesús le pidieron que se fuera a Judea para que
sus discípulos vieran las obras él hacía, les contestó así: “Subid vosotros
a la fiesta; yo no subo todavía a esa fiesta, porque mi tiempo aún no se ha
cumplido.” (Juan 7:8) ¿Qué pasó después? “Pero después que sus
hermanos habían subido, entonces él también subió a la fiesta, no abiertamente,
sino como en secreto.” (Juan 7:10) ¿No da a entender este texto que Jesús no
es sino un mentiroso? ¿No se trata de una clara falsificación de sus verdaderas
enseñanzas?
Hay dos falsas profecías
relacionadas con el fin del mundo y sus extrañas señales, son atribuidas a
Jesús y están en el evangelio de Mateo. La primera fue cuando Jesús informaba a
la gente sobre las aterradoras señales del fin del mundo, de modo que terminó
diciéndoles: “De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que
todo esto acontezca.” (Mateo 24:34) ¿Cuántas generaciones han pasado y nada
ha acontecido? La segunda fue cuando Jesús les estaba avisando a los doce
apóstoles recién nombrados sobre la inminente venida del Hijo del Hombre: “Cuando
os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no
acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del
Hombre.” (Mateo 10:23) ¡Ya murieron los doce apóstoles y con ellos toda la
primera generación y, ahora que estamos en pleno siglo veintiuno, todavía no ha venido el Hijo del Hombre ni
nadie le vio venir! Si aplicamos los criterios que establece la Biblia como
prueba de la veracidad de un profeta: “Si el profeta hablare en nombre de
Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni aconteciere, es
palabra que Jehová no ha hablado.” (Deuteronomio
18:22), Jesús
seguramente resultaría ser un mentiroso, pero como musulmán solo podría decir
que los mentirosos fueron los autores de los evangelios y no Jesús.
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¡El Jesús el ladrón!
Cuenta el evangelio de Lucas que durante la entrada triunfal a Jerusalén,
ocurrió que Jesús envió dos de sus discípulos, diciendo: “Id a la aldea de enfrente, y al entrar
en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás;
desatadlo, y traedlo. Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo
desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita.” (Lucas 19:30-31)
¿Cómo es posible que Jesús actúe como un ladrón y mande tomar algo que no es
suyo y sin ni siquiera pedir permiso para ello? ¿Se atrevería usted, querido
lector, a tomar algo que no es suyo sin pedir permiso primero a su dueño? ¿Cree
usted que ese error tan grave puede proceder de una persona como Jesús que la
paz sea con él?
