Se supone que la doctrina de
la Trinidad enseña que hay tres dioses, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y
dice que los tres son de la misma sustancia. Esta sustancia proviene del Padre
ya que es el Dios verdadero digno de ser adorado, mientras que el Hijo adquirió
su sustancia divina al nacer del Padre, y el Espíritu Santo la adquirió al
proceder de él. Históricamente hablando, llegar a esta conclusión (la igualdad
y la consustancialidad de los tres) tomó un tiempo muy largo hasta que la
iglesia lo asimiló y lo confirmó. Por otra parte, algunos padres de la iglesia
antes del Concilio de Nicea (325 d.C) es posible que dijeran cosas iguales a
los padres de la era de los concilios, es decir, que Jesús es de naturaleza
divina al igual que el Padre, sin embargo, consideraban que Jesús es de un
grado inferior al Padre y que no es igual a él. ¿Por qué pensaban así? Eso se
debe a que aún si Jesús apareció antes de las demás criaturas, sería entonces un
acontecimiento novedoso producido por Dios el Padre de acuerdo a su voluntad,
dicho con otras palabras, este nacimiento de Jesús fue precedido por la
voluntad del Padre cuya existencia precede la del Hijo, por tanto, cada nacido
depende en su existencia de quien fue la causa de su nacimiento. De allí que
sería imposible hablar de una igualdad entre el Padre y el Hijo aunque sean de
la misma naturaleza y sustancia.
Esa postura de la no igualdad
entre el Hijo y el Padre fue sostenida por los arrianos (seguidores de Arrios)
en el Concilio de Nicea, mientras que los demás padres sostenían que el
nacimiento de Jesús no dependía de la voluntad del padre ya que con el fin
de darle a Jesús la cualidad de la eternidad, intentaron hacer del
acontecimiento de su nacimiento como si no fuera un acontecimiento, sino una
cualidad inherente y eterna. Por ejemplo, cuando decimos que de las cualidades
de Dios tenemos la de “el Viviente”, esta cualidad es inherente a la naturaleza
de Dios y no aconteció en un momento dado. ¿Sería lógico decir que Jesús nació
del Padre eternamente y para siempre y que su nacimiento es una cualidad eterna
y nada tiene que ver con la voluntad del Padre? El problema de los cristianos
es que quieren deshacerse de las antiguas concepciones de los cristianos
primitivos y sustituirlos por otras nuevas según sus antojos.
Ahora bien, para saber si el
nacimiento de Jesús fue acontecido en un momento dado o es una cualidad eterna
vamos a plantear la siguiente pregunta: ¿existe algún texto en la Biblia que
relaciona el nacimiento del Hijo con algún tiempo preciso? La respuesta es: sí.
“Mi hijo eres tú; yo te he engendrado hoy” (Salmos 2:7). Este texto se repite en el
Nuevo Testamento también: “¿a cuál de los hijos dijo Dios jamás: Mi hijo
eres tú, yo te he engendrado hoy,
y otra vez: yo seré para él Padre, y él será para mí hijo?” (Hebreos 1:5);
“Así como Jesús se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el
que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.” (Hebreos 5:5). El marcador temporal “hoy”
significa que el nacimiento de Jesús no es eterno sino novedoso, es decir,
nació en un tiempo dado. Es por eso que los padres apostólicos y los del
segundo y tercer siglo (antes del concilio de Nicea) consideraban que el
nacimiento de Jesús no fue una cualidad eterna sino un acontecimiento novedoso
precedido, por consiguiente, de la voluntad del Padre.
Además de los arrianos, Ignacio
de Antioquía (35-110 d.C) discípulo directo de San Pablo y San Juan, y segundo
sucesor de San Pedro en el gobierno de la iglesia de Antioquía, por tanto, es
considerado un padre apostólico por su cercanía cronológica con el tiempo de
los apóstoles, además fue el primero en aplicar el adjetivo de “católica”, es
decir, universal a la iglesia. En su carta a los esmirneanos capítulo 1 dice
sobre Jesús: “Hijo de Dios por la voluntad y poder divinos” Esta cita es
tan peligrosa ya que adquiere su fuerza y su relevancia por ser atribuida a
Ignacio de Antioquía, uno de los padres apostólicos. De allí que los cristianos
arrianos creían que Jesús no puede ser un Dios ya que no es igual al Padre y,
por tanto, no puede ser de su misma naturaleza.
Entre los padres del segundo
siglo encontramos a Justino Mártir (100-168 d.C), conocido también como Justino
el Filósofo, fue uno de los primeros apologistas griegos que defendieron el
cristianismo. En su famoso diálogo con Trifón el judío capítulo 61 dice: “Así
que todas estas denominaciones le vienen por estar al servicio del designio del
Padre y por haber sido engendrado por voluntad del Padre.”
Ahora bien, ¿quién debe
enseñar el credo a quién? Si tenemos a un padre de la era apostólica y otro del
segundo siglo y otros de la era de los concilios (siglos 4, 5, etc.) ¿a cuál
debemos tomar más en consideración en cuestiones del credo y las creencias, a
los primeros o a los tardíos? Parece que en el cristianismo todo anda al revés,
los padres tardíos del cuarto siglo fueron quienes corrigieron los credos y las
creencias de los padres apostólicos y los del segundo siglo.