jueves, 22 de febrero de 2024

El Nuevo Pacto y la gran falsificación de Pablo

 

Escrito por: Othman Hjira


Aunque considero zanjado el tema del pacto desde la perspectiva del Antiguo Testamento, la curiosidad me ha llevado a investigar aún en lo que dice el Nuevo Testamento con el objetivo de tener una concepción que abarque la Biblia entera y que, a su vez, ayude a comprender cómo los cristianos intentaron deshacerse del aspecto material y sanguíneo del pacto con el fin de incluir a los gentiles en lo que ellos llaman: el nuevo pacto. Este último consiste en lo siguiente: al no poder cumplir con la ley de Moisés tal como Dios ordena, lo cual es debido a nuestra debilidad humana, entonces Dios, según enseña Pablo y no Jesús, decidió mandar a su “único hijo” con el fin de establecer un nuevo pacto basado no en el aspecto material (ser de la descendencia de Abraham) sino en el espiritual, es decir, en el hecho de aceptar a Jesucristo como un Salvador que murió por los pecados de la humanidad, de modo que ya, desde el concilio de Jerusalén (alrededor del año 50 d.C), la circuncisión, que los gentiles conversos veían como un acto doloroso, dejó de ser la señal del pacto, y fue reemplazada por la fe en Cristo. Por tanto, la ley de Moisés queda anulada y sustituida por el sacrificio de Jesús cuya venida representa “el fin de la ley” (Romanos 10:4).

El problema con este nuevo pacto, establecido e introducido por Pablo, es que contradice por completo lo que viene en libro del Génesis donde Dios anuncia que el pacto con Abraham y su descendencia va a ser perpetuo y no temporal, y que solo va a ser violado al no cumplir con la circuncisión. Y si tomamos por indiscutible que Dios no falta su promesa, la aparición del término “perpetuo” será suficiente para dejar inválida cualquier interpretación que trate de hacerlo “temporal”. Esa misma promesa se repite en la profecía mencionada en Isaías 52 donde trata a los incircuncisos e inmundos por igual: “Oh Jerusalén, ciudad santa; porque nunca más vendrá a ti incircunciso ni inmundo.” (Isaías 52:1)

Además, Jesús mismo también dijo claramente que la ley de Moisés seguía vigente incluso con su venida: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos. Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.”(Mateo 5: 17-20)

Con esta declaración, Jesús cierra los caminos ante cualquier interpretación que pretenda dejar inválida la ley de Moisés bajo el pretexto de “nuestra debilidad humana”. De hecho, la debilidad humana no es algo novedoso para Dios y no hacía falta esperar hasta que aparezca Jesús para darse cuenta de ello ya que la historia de nuestro padre Adán lo resume todo sobre nosotros. Sin embargo, siendo Dios misericordioso y perdonador, nos enseñó a través de sus mensajeros y profetas cómo pedirle perdón por nuestros pecados, a modo de ejemplo Jesús (la paz sea con él) enseñó a sus seguidores orar así: “Padre nuestro que estás en los cielos (…) Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.” (Mateo 6: 9-15). Según este texto lo único que Jesús mencionó como condición para lograr el perdón de los pecados es: perdonar a los demás y no creer en su supuesta “crucifixión”. Asimismo, Jesús afirma que entre las demás formas para el perdón de los pecados está el arrepentimiento: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.” (Lucas 5:32). Si Dios Padre es capaz de perdonar cuando se lo pedimos, cuando perdonamos a los demás y cuando nos arrepentimos, ¿qué sentido tendría mandar  a su hijo a morir por nuestros pecados?

Aún aceptando a Jesús como salvador y creyendo en el sacrificio eso no constituye ninguna garantía. Si eres un pecador, y todos somos pecadores de una manera u otra como sostienen los cristianos, Jesús te va a responder así: “Apártense de mí vosotros hacedores de maldad” (Mateo 7:22). ¿No se supone que Jesús ya murió por nuestros pecados? ¡Cuán difícil es creer en una idea y en su contraria!

 

La crucifixión y sus incoherencias:

1-    La crucifixión en sí no es sino un préstamo a corto plazo y no un verdadero sacrificio. No es lo mismo dar lo único que uno tiene sin la esperanza de recuperarlo, que darlo y recuperarlo enseguida.

2-    Jesús no quiso morir en la cruz y su reacción fue: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:46). ¿Por qué Jesús se quejó del abandono si de verdad dio su vida voluntariamente?

3-    Jesús no vino a salvar a la humanidad de los pecados como sostiene Pablo, sino al pueblo judío de sus enemigos romanos: Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; (…) librados de nuestros enemigos, Sin temor le serviríamos.” (Lucas 1: 68-75); “nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel.” (Lucas 24:19-21)

 

La gran influencia de Pablo:

Es muy extraño que un hombre que era muy cruel y ofensivo contra los cristianos, los odiaba, insultaba, encarcelaba y torturaba, y que nunca conoció a Jesús en persona y que a través de una visión sospechosa se convierte de repente al cristianismo y empieza a reformular una concepción de Dios, de Jesús, de la salvación y del pacto diferente a lo que viene en el Antiguo Testamento y a lo que Jesús mismo enseñaba a sus seguidores. De hecho, él mismo reconoce que no todos los discípulos de Jesús le veían con buenos ojos, espiaban y no concordaban con sus enseñanzas (Gálatas 2:4-6) de modo que acabó llamándoles “hipócritas” tanto a Pedro (el jefe de la iglesia) como a Bernabé (Gálatas 2:12-14 y Hechos 15:39). ¿Qué pasó? ¿No nos contaron Pablo y su discípulo Lucas que habían acordado en el concilio de Jerusalén en que Pablo predicara a los gentiles paganos incircuncisos y que Pedro predicara a los judíos circuncisos? ¿Qué es lo que hizo que Pedro y Bernabé cambiaran de opinión? ¿Por qué el Nuevo Testamento nos transmite solo la versión contada por Pablo y no la de Pedro? ¿Y cómo es posible que uno que nunca vio a Jesús en persona se atreviera a hablar mal y llamar “hipócrita” a quienes fueron discípulos escogidos por Jesús? El hecho de dudar de Pablo se debe a que él mismo confiesa que puede decir mentiras sobre Dios y que eso no le convierte en pecador (Romanos 3:7-8), y que puede cambiar de discurso y de principios en función del destinatario con el fin de conseguir más conversos y seguidores (1 Corintios 9:19-23).

Ese Pablo fue quien alteró la esencia del mensaje de Jesús por completo; fue quien anuló la señal del pacto “la circuncisión” que Dios prometió que iba a ser “perpetua”; fue quien anunció el fin de la Ley de Moisés que Jesús consideraba vigente; fue quien introdujo la idea de la salvación de los pecados que Zacarías profetizaba que era una salvación política de los enemigos romanos, etc. Es menester señalar también que las cartas de Pablo constituyen los primeros textos del Nuevo Testamento ya que fueron escritas entre los años 50 y 60 d.C, mientras que los evangelios del Nuevo Testamento nos llegaron  entre los 70 y 110 años, lo cual da a entender que los autores de estos evangelios fueron influenciados por las cartas escritas anteriormente por Pablo y que de allí embebieron sus ideas e interpretaciones. Sin lugar a dudas, circulaban muchas ideas e interpretaciones opuestas a las de Pablo pero fueron consideradas como herejías sobre todo tras la consolidación de las escrituras de Pablo dentro del Nuevo Testamento. Es importante saber que de los 27 libros que componen el Nuevo Testamento, 14 pertenecen a Pablo (¡más de la mitad!), y eso sin contar los dos libros de su fiel discípulo y seguidor, Lucas, el autor del evangelio que lleva su nombre y del libro Hechos de los Apóstoles.

En efecto, Pablo se considera el verdadero fundador del cristianismo actual, un cristianismo predicado, no por Jesús, sino por un hombre que nunca conoció a Jesús en persona y que repentinamente se convierte al cristianismo por medio de una visión sospechosa y contada únicamente por él y por su discípulo y seguidor Lucas (cuyo testimonio le fue contado por el mismo Pablo). Pero, ¿cómo podía Pablo estar tan seguro de que vio exactamente a Jesús y no a otra persona? ¿Cómo podía estar tan seguro de que la luz que había visto era la de Jesús y no la de un diablo? Pregunto eso porque fue él  quien dijo que “el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.” (2 Corintios 11:14) Y dadas las grandes alteraciones que él había causado en el cristianismo, uno podría llegar a pensar que él era el mismo Satanás disfrazado como apóstol.

¿Cómo hubiese reaccionado Jesús si hubiese conocido a Pablo en persona y hubiese sabido que Pablo anuló la ley de Moisés? “Cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos” (Mateo 5:19), porque es “más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley”. (Lucas 16:17) Y siendo Pablo un ex judío debió haber leído esto: Y la tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno.” (Isaías 24:5) No obstante, él se atrevió a declarar que ¡Cristo es el fin de la ley!, y a decir que “todo le es lícito” y enseñó a los gentiles: “De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia” (1 Corintios 10:23-24).

 

La profecía del profeta Jeremías:

En el Antiguo Testamento existe una profecía del profeta Jeremías que habla de un “nuevo pacto” con el pueblo de Israel y que es utilizado por muchos con el fin de justificar las alteraciones llevadas a cabo por Pablo: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.” (Jeremías 31:31-33). La interpretación cristiana dada a esta interpretación conlleva muchas incoherencias:

-          La profecía habla de un pacto establecido únicamente con el pueblo de Israel, especialmente con la casa de Judá que aún conservaban la circuncisión como señal del pacto, mientras que el nuevo pacto predicado por Pablo es dirigido a los gentiles (de carácter universal) y tiene por anulada la circuncisión.

-          En cuanto a “daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón”, lo más probable es que se refiere a refrescar el carácter seco y duro de la ley insistiendo más en su aspecto espiritual y moral, y no a anularla por completo (Jesús mismo dijo que no vino para anular la ley de Moisés).

-          Si Pablo vincula el nuevo pacto con la muerte de Jesús en la cruz para salvar a la humanidad del pecado, Jeremías dice: “sino que cada cual morirá por su propio pecado” (Jer 31:30).

-          Esta profecía tiene que ver con el fin de los tiempos y no con la época de Jesús o Pablo, y la prueba de ello es que el capítulo anterior termina así: “en el fin de los días entenderéis esto.” (Jeremías 30:24) y el siguiente en que aparece la profecía comienza así: “En aquel tiempo, dice Jehová, (…)” (Jeremías 31:1).

-          La profecía contiene una gran incoherencia: “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado.” Esa declaración de “amor eterno” contradice por completo a muchos otros textos donde se demuestra el enojo y el castigo de Dios contra ellos hasta llegar a sustituirlos por otra nación tal como viene en la parábola de Los labradores malvados contada por Jesús (véase Mateo 21:33-46).

En suma, esta profecía se refiere a darle una nueva oportunidad al pueblo judío que se había desviado y pecado contra Dios mediante un pacto renovado y más espiritualizado con la llegada del Mesías esperado (Jer 30:21) y que viene señalado en Isaías 42:10-13 como un nuevo cántico: “Cantad a Jehová un nuevo cántico, su alabanza desde el fin de la tierra; los que descendéis al mar, y cuanto hay en él, las costas y los moradores de ellas. Alcen la voz el desierto y sus ciudades, las aldeas donde habita Cedar; canten los moradores de Sela, y desde la cumbre de los montes den voces de júbilo.” Como hemos podido ver, este Mesías aparecerá en el fin de los días y será el último profeta de Dios, el cual va a salir del desierto, exactamente de las aldeas donde habita Cedar (hijo de Ismael) y los moradores del monte Sela que está en la actual Medina del profeta Muhammed en Saudi Arabia. 

 

El pensamiento racista y contradictorio de Pablo:

Es gracioso ver cómo Pablo quiso deshacerse del aspecto material del pacto (la circuncisión y ser de la descendencia de Isaac) con el fin de admitir a los gentiles en la nueva religión cristiana, tomando a todos los pueblos del mundo por iguales y bendecidos: “dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.”(Gálatas 3:8), pero al mismo tiempo contradecirse y hacer resaltar su pensamiento racista basado esencialmente en el aspecto biológico del pacto. En Gálatas 4 vamos a ver cómo cambió de máscara cuando estaba dirigiéndose a los judíos, allí vamos a darnos cuenta de que todo lo que él decía sobre el nuevo pacto que es basado únicamente en la fe: “los que son de fe, estos son hijos de Abraham.”(Gálatas 3:7), lo deja atrás y hace resaltar de nuevo el aspecto racial del pacto: “Pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; este es Agar.”; “Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa.”; “no somos hijos de la esclava, sino de la libre.” ¿En qué se basó Pablo para decir estas atrocidades? La respuesta consiste en la ley de Moisés que él mismo tomó por anulada y sustituida: “Decidme, los que queréis estar bajo la ley: ¿no habéis oído la ley? Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre.” Y lo peor de todo eso es que justo en el capítulo anterior (Gálatas 3) él ya había hablado de la Ley del siguiente modo: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición” Luego sostiene: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley” ¿Cómo es posible que uno que se contradiga de esta manera tan descarada convertirse en el fundador del cristianismo?

Es indignante ver cómo Pablo menospreció a Ismael y a su descendencia alegando que nació según la carne y no según la promesa (Gálatas 4:21-31), y se olvida de que, si aplicamos este mismo criterio a Jesús y tomamos en serio lo que se dice de su origen en los evangelios (aunque Jesús tiene la sangre de su madre María que es aarónica y no davídica) vamos a darnos cuenta de que su linaje es también fruto de dos relaciones carnales, a saber: la primera historia se remonta a Tamar de cuya descendencia salió la tribu de Judá cuando se acostó con su suegro al pasarse de prostituta (léase Génesis 38). La segunda historia se remonta a Rajab de cuya descendencia nacería Jesús. Betsabeth fue la mujer de Urías con la cual el rey David cometió un adulterio (cosa que ningún musulmán admitiría sobre David porque es considerado un profeta de Dios); y, además, según la Biblia, maquinó para que mataran a Urías en el campo de batalla y así poder quedarse con su mujer (2 Samuel 11:1). Salomón fue hijo de David y Betsabeth: “David, engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón” (Mateo 1:6). ¿Qué diría Pablo al respecto? Ahí tenemos su respuesta: “No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios” (Romanos 9:8) ¿Se atrevería a tratarlo como Ismael y decir que Jesús es hijo de la carne también y no un hijo de Dios?

Otra mentira de Pablo: “nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne” (Romanos 1:3). Todos sabemos que Jesús tuvo un nacimiento milagroso y que pertenece biológicamente a María y que, por tanto, lleva su sangre y no la de José el carpintero. En cuanto al linaje de María solo sabemos que es parienta de Elisabeth la esposa de Zacarías que es, a su vez, de origen aarónico y no davídico. ¿De dónde sacó Pablo esta tontería? Por cierto, hasta Jesús cuestionó a quienes le dijeron que es hijo de David diciéndoles: “Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? Y nadie le podía responder palabra, ni osó alguno desde aquel día preguntarle más” (Mateo 22:45). Como siempre, viene Pablo y alega que Jesús es del linaje de David según la carne. ¿No es un gran falsificador?

Veamos otra muy clara falsificación de Pablo: “… a los cuales también ha llamado esto es, a nosotros, no solo de los judíos, sino también de los gentiles? Como también en Oseas dice: Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, Y a la no amada, amada.” (Romanos 9:24-25) Aquí él interpreta la profecía del profeta Oseas de una manera muy fea y considera que el término “pueblo”  se refiere a los “gentiles”, pero por qué no nos dice ¿quién es la “no amada”? Por cierto, el término “pueblo” aquí viene en singular y no en plural, lo cual indica que los judíos van a ser reemplazados por otra nación y no por muchas naciones, tal como Jesús mismo había anunciado en Mateo 21:43 “El reino de Dios será quitado de vosotros y será dado a otra nación”. Pero, ¿qué tiene que ver la “no amada, amada” con esta historia? Pablo, el judío racista, seguramente no le dio ninguna explicación porque la “no amada” es la mujer de la cual él mismo habló muy mal en Gálatas 4:30-31: “Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre. De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre.” Y si buscamos lo que exactamente dice Oseas en su profecía encontramos eso: “La sembraré para mí en la tierra, y tendré compasión de la que no recibió compasión (porque fue echada de casa y abandonada sola con su hijo en el desierto), y diré al que no era mi pueblo: Tú eres mi pueblo, y él dirá: Tú eres mi Dios.” (Oseas 2:23). Es muy ridículo ver cómo Pablo intentó deshacerse, aunque temporalmente, de su legado judío al camuflar y falsificar un texto que se refiere claramente al pueblo árabe, descendiente de Ismael, hijo de Agar (la no amada por los judíos). Parece que el complejo más grande que tiene Pablo y los judíos en general es Ismael y sus descendientes, es decir, los árabes musulmanes.


Pablo justifica la mentira y el engaño

Eso se debe a que él piensa que el hecho de decir mentiras no le convertiría en pecador siempre y cuando lo hace con el fin de abundar la gloria de Dios: “Pero si por mi mentira la verdad de Dios abundó para su gloria, ¿por qué aún soy juzgado como pecador?”. Y vuelve a justificar esa fea conducta suya diciendo: “¿Y por qué no decir (…): Hagamos males para que vengan bienes?” ((Romanos 3:7-8). Se trata, pues, de una persona maquiavélica, adopta la postura de “el fin justifica los medios”: “soy astuto, os prendí por engaño” (2 Corintios 12:16). La pregunta ahora: ¿cómo ve Dios esta conducta? ¿Cómo va a Dios a aceptar que uno quebrante sus mandamientos? ¿Dios, con toda su gloria y majestuosidad, necesita de la mentira de alguien para aumentar su gloria?

 

¿De quién es hijo Pablo: el diablo o Abraham?

Si fueran hijos de Abraham, harían lo mismo que él hizo.” (Juan 8:39) Así contestó Jesús a los judíos que le habían dicho que eran hijos de Abraham, lo cual indica que pertenecer a Abraham, según este criterio establecido por Jesús, requiere hacer lo mismo que él. Por el contrario, Pablo no solo no hizo lo mismo que él, sino que hasta anuló un requisito fundamental que constituía la condición del pacto de Dios con la descendencia de Abraham: la circuncisión.

Otro gran error que cometió Pablo y que seguramente jamás le agradaría a Abraham fue cuando habló muy mal de su amado hijo Ismael y su madre Agar en su alegoría de Sara y Agar (véase Gálatas 4:21-31): “Pero el de la esclava nació según la carne; mas el de la libre, por la promesa.” Por tanto, “da hijos para esclavitud; este es Agar.” Si Abraham hubiese estado vivo entre nosotros y leído esto, ¿le habría agradado ver como trató el tal Pablo a su hijo Ismael y a su madre Agar?  Absolutamente no: “esto disgustó mucho a Abraham, porque Ismael era su hijo” (Génesis 21: 11). De hecho, en muchas ocasiones la misma Biblia nos ha transmitido el amor que tanto Dios como Abraham le tienen a Ismael y a su madre: “Aumentaré tanto tus descendientes, que nadie los podrá contar. Estás encinta y tendrás un hijo, y le pondrás por nombre Ismael porque el Señor escuchó tu aflicción.” (Génesis 16:10-11), “En cuanto a Ismael, también te he oído, y voy a bendecirlo; haré que tenga muchos hijos y que aumente su descendencia. Ismael será el padre de doce jefes importantes, y haré de él una nación muy grande." (Génesis 16: 18-20) “del hijo de la sierva yo haré una gran nación por ser descendiente tuyo.”(Génesis 21:13), lo cual significa que Ismael y su descendencia también tuvieron la señal del pacto: “En el mismo día fueron circuncidados Abraham e Ismael su hijo.” (Génesis 17:26) “porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová.” (Isaías 54: 1-2). ¿Por qué Ismael fue un hijo bendecido? Simplemente porque Dios respondió a la invocación de Abraham: "Entonces le dijo a Dios: ¡Ojalá Ismael pueda vivir bajo tu bendición especial!" (Génesis 17:18) Y luego viene Pablo y lo trata a él y a su madre de la peor manera sin ni siquiera querer mencionar su nombre “Ismael” que le fue dado y escogido por el mismo Dios! ¡Dios nos libre de los envidiosos! Amén.

Pablo ni respetó la circuncisión que Dios había establecido con Abraham como señal del pacto, ni trató bien a su amado y bendecido hijo, Ismael. Por tanto, según lo que acabamos de leer ¿es Pablo un hijo del diablo o de Abraham? Dejemos que conteste Jesús: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo y los deseos de vuestro padre queréis hacer.” (Juan 8:44) Que la paz de Dios sea con Abraham, Ismael, Isaac, Moisés, Jesús, Muhammed y con todos los profetas de Dios.

 

Conclusión:

Con este artículo se da a entender que Pablo representa una fase decisiva de aquella lucha amarga entre la corriente judía y la romana por tragar la religión de Jesús y apoderarse de ella. Desafortunadamente, Jesús nació en un pueblo cuya gran habilidad es falsificar la historia, y en un imperio cuya gran virtud es la fuerza. Tanto el mensaje de Cristo como su biografía se convirtieron en una presa para la falsificación de los judíos y la autoridad de los romanos de modo que no nos llegó de su vida y sus enseñanzas sino lo que los judíos habían falsificado y los romanos habían confirmado. Y Pablo reunía los dos: era judío y romano al mismo tiempo. De allí viene su carácter camaleónico: judío con los judíos y romano con los romanos.

 

 

 

 


martes, 13 de febrero de 2024

Las pruebas de la falsificación de la Biblia.

 

Escrito por: Othman Hjira

 

La autenticidad de la Biblia ha sido objeto de muchos debates a lo largo de la historia. Muchos libros y trabajos se han escrito sobre esta cuestión tan delicada y sensible. De hecho, demostrar que la Biblia no es ni original ni auténtica quebrantaría la fe de más de un mil millón de creyentes en este libro. Pero, ¿qué pasará si uno sale de la caja impuesta por la iglesia y empieza a ver la Biblia desde fuera? Lo más probable es que la visión y la fe que tenía antes vayan a cambiar por completo. Ahora vamos a navegar en la Biblia para ver si realmente es un libro auténtico o alterado.  

 

El pueblo judío y su relación con las cosas de Dios:

Antes de hablar de la Biblia, vamos a hablar brevemente de aquellos que la recibieron: los judíos. Varios textos de la Biblia nos cuentan que es un pueblo que no guarda ningún respeto a Dios y a sus mandatos, y en lugar de venerar a sus profetas y mensajeros los acaban golpeando, apedreando e incluso matando. En su parábola de los labradores malvados (Mateo 21:33-46), Jesús dice “a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon.” Dios les volvió a mandar otros profetas e “hicieron con ellos de la misma manera”. ¿Y qué hicieron con Jesús? “Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron.” En resumidas cuentas: “¡Jerusalén, Jerusalén qué bien matas a los profetas y apedreas a los que Dios te envía”(Mateo 23:37). Un pueblo que se atreve a tratar así a los profetas enviados por Dios, ¿no sería capaz de falsificar su palabra? A buen entendedor pocas palabras.    

 

El reconocimiento del profeta Jeremías:

Es sorprendente encontrar un muy claro reconocimiento dentro de la misma Biblia sobre la falsificación de la ley de Dios que viene escrita en su palabra. Así regañó el profeta Jeremías a los escribas y los tachó de mentirosos en dos textos: “¿Cómo decís somos sabios, y la ley de Jehová está con nosotros? Ciertamente la ha cambiado en mentira la pluma mentirosa de los escribas” (Jeremías 8:8) "Y no os acordaréis más de la profecía del Señor, porque la palabra de cada uno le será por profecía, pues habéis pervertido las palabras del Dios viviente, del Señor de los ejércitos, nuestro Dios." (Jeremías 23:36) Si este reconocimiento está en la misma Biblia, ¿qué es lo que nos podría impedir dudar de ella? Los tiempos en los que leer la Biblia era una tarea exclusiva para la iglesia ya terminaron, y gracias a Dios y al avance tecnológico ahora ya está al alcance de todos.

Vamos a ver las pruebas de su alteración:

1-    Los versículos añadidos en la conclusión de Marcos:

Si estás leyendo la conclusión del Evangelio de Marcos (16:9-20), lo más probable es que encuentres una nota que dice que los versículos de 9 a 20 no pertenecen al texto de Marcos ya que no se incluyen en los manuscritos más antiguos. Para muchos fieles y estudiosos esta información puede ser alarmante. Estos versículos no aparecen en dos manuscritos importantes del siglo IV, a saber: los códices Sinaítico y Vaticano. Al menos 23 manuscritos griegos que incluyen Marcos 16:9-20 también tienen anomalías como finales extra, o notas que expresan dudas acerca de la autenticidad de estos versículos. Un importante manuscrito en latín del siglo IV tiene una breve adición después del versículo 8, y luego termina sin los versículos del 9 al 20. Un valioso manuscrito siriaco del siglo IV también termina Marcos en el 16:8. Un manuscrito copto Sahídico (probablemente del siglo V) termina también en Marcos 16:8. Se cree que esta añadidura tan descarada se hizo para hablar de las apariciones del Jesús resucitado a María Magdalena, dos discípulos y luego a los once Apóstoles (menos Judas), y concluye con declarar que los creyentes que se han bautizado serán salvos, mientras que los no creyentes serán condenados, y la imagen de Jesús llevado al cielo y sentado a la diestra de Dios.

 

2-    La coma Joánica:

"Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno." (1 Juan 5: 7)

Este texto es el más utilizado por los cristianos para dar fundamento bíblico a la Trinidad, pero resulta ser un texto apócrifo. Este texto lleva el nombre de “la coma joánica”, se trata de una clausula añadida en los versículos de la primera epístola de Juan 5:7-8. Se cree que pudo haber sido agregado como una glosa que luego se añadió al texto de la epístola en la Vulgata latina (cerca del año 800).  Eso se debe a que en el texto original que aparece en la Biblia de Jerusalén no aparece esta coma joánica: “Pues tres son los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres convienen en los mismo.”(1 Juan 5:7-8). En la Biblia cristiana de la Reina Valera dice: “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre, y estos tres concuerdan.” Como se puede ver aquí, se trata indudablemente de un texto añadido con el propósito de darle credibilidad, originalidad y autenticidad a la Trinidad y acallar a aquellos que no la quieren aceptar por no ser una doctrina bíblica. Asimismo, este texto no aparece en los manuscritos de las versiones bíblicas antiguas, ni en los de los grandes y notables escritores antiguos. Cabe añadir que este texto fue eliminado de la Biblia Católica en el IV concilio de Letrán (1215).


3-    La fórmula bautismal trinitaria:

"Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo." (Mateo 28:19)

Otro texto frecuentemente utilizado por los cristianos para darle fundamento a la doctrina de la Trinidad es esta famosa fórmula bautismal mencionada en el Evangelio de Mateo. Antes de averiguar su grado de autenticidad, es necesario aclarar algo: el problema con este texto es que el Nuevo Testamento menciona que los discípulos bautizaban a la gente únicamente en el nombre de Jesús y no mencionaban ni al Padre ni al Espíritu Santo tal como se supone que Jesús les había enseñado en el texto de Mateo 28:19. ¿Qué significa eso? Una de dos: o el texto de Mateo no es original, o los discípulos bautizaban de una manera equivocada.

Leamos lo que dicen los textos: “Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (Hechos 2: 38); “Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús.” (Hechos 8:14-16); “Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús.” (Hechos 10: 47-48)

Si Jesús realmente dijo que había de bautizar a las personas en el nombre del Padre, del hijo, y del Espíritu Santo ¿por qué sus discípulos lo hicieron únicamente en el nombre de Jesús? Es una prueba muy obvia de que esta fórmula bautismal trinitaria no era conocida entre los discípulos de Jesús, y que fue añadida tardíamente.

Por otro lado, entre los manuscritos más antiguos donde se hace referencia a la fórmula bautismal mencionada en Mateo 28:19, allí no se menciona a las tres personas, sino únicamente a Jesús. El ejemplo más claro que tenemos son los libros de Eusebio de Cesárea (263-339) conocido como el padre de la historia de la iglesia gracias a sus escritos que están entre los primeros relatos de la historia del cristianismo primitivo. En todas las ocasiones en las que mencionó esta fórmula bautismal, no aparece la trinitaria, sino la de Jesús tal como bautizaban los apóstoles (haga clic aquí para leerlos textos).


4-    Los libros eliminados:

La misma Biblia informa de libros que estaban con el pueblo de Israel pero que ya no existen, ni hasta el séptimo siglo después de Cristo, a saber: Las Guerras de Yahvé (Números 21:14); El Justo (Josue 10:13 y 2 Samuel 1:17); Crónicas de los reyes de Israel (1 Reyes 14:19 y 16:5); Reyes de Israel y Judá (2 Crónicas 27:7 y 36:7); Crónicas de los Reyes de Judá (2 Reyes 24:5 y 21:25); Natán (1 Crónicas 29:29); Las visiones de Idó (2 Crónicas 9:29); La profecía de Ajías el silonita (2 Crónicas 9:29); La historia del profeta Semaías (2 Crónicas 12:15); La historia de Jehú, hijo de Jananí (2 Crónicas 20:34); El libro del profeta Isaías sobre el resto de los hechos del rey Ozías (2 Crónicas 26:22); Hechos de Josay (2 Crónicas 33:19); Hechos de Salomón (1 Reyes 11:41); El libro de Yavé (Isaías 34:16). ¿No es esa gran cantidad de libros perdidos sino otra prueba más de que la Biblia que tenemos ahora es incompleta?

 

5-    Citas sin referencia:

Se mencionan en el Nueva Testamento algunas citas supuestamente sacadas de algunos libros ya inexistentes del Antiguo Testamento. De allí podemos deducir una de dos: o las citas son falsas, o aquellos libros eran conocidos en aquel entonces pero eliminados más tarde.

Ejemplo 1:

Tenemos una cita que aparece en 1 de Corintios 2:9 dice: “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en Corazón de hombre. Son las que Dios ha preparado para los que le aman.” Algunos alegan que Pablo hace referencia al texto que aparece en Isaías 64:4: “Ni nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto a Dios fuera de ti, que hiciese por el que en él espera”. Aunque los textos se parecen hasta cierto punto, sin embargo, el contexto en el que vienen mencionados es completamente distinto, más bien contradictorio. El primero anuncia la buena recompensa que Dios ha preparado para los que le aman, y el segundo, por el contrario, anuncia el terrible e inimaginable castigo que espera a los pecadores. ¿Tendría sentido decir que Pablo acomodó el texto de acuerdo a lo que quería transmitir? Si es así, entonces habría de revisar todo lo que vino contando y averiguar su credibilidad.

Ejemplo 2:

Hay una cita en el evangelio de Marcos atribuida al profeta Isaías que dice: “Como está escrito en el profeta Isaías: He aquí yo envío a mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti.” (Marcos 1:2) El problema con este texto es que no aparece en ningún texto del libro de Isaías, de modo que, al darse cuenta de ello, otras traducciones bíblicas acabaron cambiando “en el profeta Isaías” por “en los profetas” como en la Reina Valera Gómez, el Rey Jacobo y la Versión moderna de H.B.

Ejemplo 3:

Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes” (Mateo 27:35) El problema con este texto sacado de la Reina Valera 1960 consiste en la añadidura de la parte que dice: “para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes”. Este texto fue eliminado de la Biblia Católica Latinoamericana ya que se dieron cuenta de que no existe en los antiguos manuscritos y que se añadió únicamente para engañar a la gente con la idea de que la crucifixión de Jesús fue profetizada en el Antiguo Testamento, mientras que es todo lo contrario: en los Salmos 41 y 91 que profetizan la vida de Jesús dicen que Jesús sería protegido, salvado y no entregado a sus enemigos. Incluso en el Salmo 22:19-21 de donde trajeron este texto añadido dice el versículo siguiente: “Mas tú Jehová, no te alejes; Fortaleza mía, apresúrate a socorrerme. Libra de la espada mi alma, Del poder del perro mi vida. Sálvame de la Boca del león, Y líbrame de los cuernos de los búfalos” ¿Dios le respondió y le socorrió? En el Salmo 91:15 que habla también de Jesús dice: “Me invocará y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré.   

Ejemplo 4:

En el evangelio de Mateo hay un extraño texto que dice: “Y vino y habitó en la ciudad que se llama Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno.” (Mateo 2:23) El problema es que no se conoce a ningún profeta del Antiguo Testamento que profetiza que el Mesías Jesús tendría que venir de una ciudad llamada Nazaret que tampoco fue mencionada en ningún texto. ¿De dónde la sacó el autor de Mateo? Nadie lo sabe. Algunos intentaron darle una explicación de que se refería a la palabra “Natzrat” que significa brote en hebreo, es decir, vendría del brote de David. Sin embargo, el texto de Mateo no aludía al nombre o al apodo del Mesías sino al lugar en donde residía, es decir, el nombre de la ciudad en donde se había criado. Y además, se sabe que Jesús no lleva la sangre de David sino la de Aarón ya que su madre María es de la familia de Elisabet la esposa de Zacarías. Él no fue hijo biológico de José el esposo de María.

Ejemplo 5:

Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo.” Pero esta profecía se refiere al pueblo de Israel y no a Jesús. Si leemos el contexto donde aparece el texto de la profecía en Oseas 11 vamos a darnos cuenta de que hace referencia al pueblo de Israel cuando fue salvado de la esclavitud de Egipto:  Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí; a los baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían sahumerios. Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba. Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida. No volverá a tierra de Egipto, sino que el asirio mismo será su rey, porque no se quisieron convertir.” (Oseas 11:1-5)

Ejemplo 6:

En el evangelio de Juan hay un texto que dice: “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.”(Juan 7:37-38) ¿Dónde lo dice la Escritura? Nadie lo sabe.

Ejemplo 7:

En Mateo hay un texto que dice: “Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! Se indignaron, y le dijeron: ¿Oyes lo que estos dicen? Y Jesús les dijo Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza? ” (Mateo 21:15-16) El autor de Mateo hacía referencia a un texto que está en Salmo 8:2 dice: “De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza, A causa de tus enemigos, para hacer callar al enemigo y al vengativo”. Hay una diferencia en el contexto de ambos textos. En Mateo usa la palabra “alabanza” mientras que en el Salmo usa la palabra “fortaleza”. El Salmo 8 no tiene nada que ver con el Mesías, ni con el Salvador que entraría al tabernáculo y a quien los niños darían alabanzas. Se trata, pues, de un Salmo que glorifica solo a Dios, y no menciona allí ni al Hijo, ni al Mesías prometido, ni a nadie más.

 

6-    La manipulación de los textos:

Es muy gracioso ver cómo los autores de los evangelios se atrevieron a manipular la genealogía de Jesús creyendo que nadie iba a darse cuenta de ello con el fin de ocultar que es del linaje de Joacim a quien Dios le había prohibido tener reyes en su descendencia. En Mateo capítulo 1 donde se habla de la genealogía de Jesús, llega a Josías y dice: “Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, en el tiempo de la deportación a Babilonia.” (Mateo 1:11). Sin embargo, si investigamos qué dice la Biblia sobre los hijos de Josías, nos vamos a dar a cuenta de que Josías es el abuelo de Jeconías y no su padre, y que el verdadero padre de Jeconías es Joacim: “Y los hijos de Josías: Johanán su primogénito, el segundo Joacim, el tercero Sedequías, el cuarto Salum. Los hijos de Joacim: Jeconías su hijo, hijo del cual fue Sedequías.” (1 Crónicas 3:15-17)  ¿Qué pasa con Joacim? Lo eliminaron de la genealogía de Jesús porque sabían que según la Biblia nunca podría haber un rey en su descendencia: “Por tanto, así ha dicho Jehová acerca de Joacim rey de Judá: No tendrá quien se siente sobre el trono de David; y su cuerpo será echado al calor del día y al hielo de la noche. Y castigaré su maldad en él, y en su descendencia y en sus siervos; y traeré sobre ellos, y sobre los moradores de Jerusalén y sobre los varones de Judá, todo el mal que les he anunciado y no escucharon.” (Jeremías 36:30-31).

 

7-    Incoherencias y contradicciones:

Vamos a tomar como ejemplo de ello la escena de la resurrección de Jesús:

Según las creencias cristianas, después de haber sido crucificado, se cree que el cuerpo de Jesús permaneció en la tumba durante tres días y tres noches. Esa creencia tiene como origen el texto de Mateo 12:40: "Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches." ¿Qué tal si le digo que, según los evangelios, Jesús no cumplió los tres días ni las tres noches?

Según Marcos 15:42-47, Jesús fue enterrado la víspera del día de reposo, es decir, el viernes por la noche ya que el día de descanso de los judíos es el sábado.  “Cuando llegó la noche, porque era la preparación, es decir, la víspera del día de reposo, José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. E informado por el centurión, dio el cuerpo a José, el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían.”

Si Jesús murió el viernes por la noche, eso significa que debió resucitar hasta el lunes por la noche. No obstante, en el evangelio de Marcos (16:1-6), vemos que Jesús resucitó el domingo por mañana. Es decir, ¡no completó los tres días ni las tres noches que él debía de pasar en la tumba! “Cuando pasó el día de reposo (que es sábado), María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle.  Y muy de mañana, el primer día de la semana (que es domingo), vinieron al sepulcro, ya salido el sol. Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron.”

¿Cuántas personas se fueron para sacarle de la tumba?

Marcos 16:1: "María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle." (3 personas)

Mateo 28:1: "Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. " (2 personas)

Lucas 23:54 y Lucas 24:1: "El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas." (El número no está determinado).

Juan 20:1 "El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro." (1 persona)

¿Cuándo vinieron a la tumba?

Juan 20:1: "de mañana, siendo aún oscuro."

Marcos 16:2: "vinieron al sepulcro, ya salido el sol."

¿A quién encontraron al entrar a la tumba?

Marcos 16:5: “Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron.” (Un joven)

Lucas 24:4: “Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes.” (Dos varones)

Juan 20:12 “se inclinó (María) para mirar dentro del sepulcro; y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies.” (Dos ángeles)

 

Conclusión:

Con estos pocos ejemplos (es que aún faltan muchísimos más) he querido dejar bien claro que la Biblia no es un libro tan autentico y no es del todo inspirado por Dios a través del Espíritu Santo como nos dicen los pastores y los sacerdotes. El hecho de que haya textos añadidos y muchas incoherencias y contradicciones significa que la mano del hombre está allí. Hay trabajos mucho más amplios e interesantes a los que uno puede recurrir ya que contienen comparaciones entre los manuscritos más antiguos y los textos tardíos. La cantidad de alteraciones que he podido ver es tremenda e inesperada.     

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