domingo, 2 de junio de 2024

La divinidad de Jesús en el Antiguo Testamento

 

Desesperados ante el claro vacío que deja el hecho de que el Antiguo Testamento no dice nada respecto a la divinidad de Jesús, algunos cristianos se aferran a algunos textos que hablan de personajes bíblicos cuyos nombres llevan significados divinos. Los dos textos más usados para referirse a Jesús son los que hablan de Emmanuel (Isaías 7:14) que significa Dios con nosotros, y Ezequiel que significa Dios fuerte (Isaías 9:6)

Antes de analizar estos textos en su contexto y averiguar si realmente profetizan la divinidad de Jesús, es necesario aclarar que existen muchos personajes en la Biblia cuyos nombres incluyen cualidades divinas, por ejemplo: Ismael significa Dios escucha, Israel significa el que lucha con Dios, Oseas significa Dios es salvación, Daniel significa Dios es juez, Gabriel significa poder o fuerza de Dios, etc. Con eso quiero decir que es algo normal en la Biblia que aparezcan nombres con connotaciones divinas.

Emmanuel: Dios con nosotros.

Esta profecía se menciona en Isaías 7:14. Algunos cristianos la interpretan como referencia a Jesús debido al hecho de que Emmanuel significa Dios está con nosotros. Pero si analizamos el contexto general nos vamos a dar cuenta de que habla de alguien que se llama Emmanuel y nada tiene que ver con Jesús. Como viene indicado en el comienzo del capítulo, el contexto general se refiere a que en los días del rey Acaz, el rey de Judea, el rey Pecaj de Israel, hizo una alianza con el rey Rasín de Aram con el fin de apoderarse de Jerusalén y acabar con el reino de Judea, y eso causó que el rey de Judea temiera su invasión. Por tanto, Dios interviene y manda a su profeta Isaías para tranquilizar a Acaz diciéndole: “Quédate tranquilo, no tengas miedo (…) Esto no se cumplirá ni pasarás jamás”. De allí que el versículo 10 de este capítulo empieza así: "Habló también Jehová a Acaz, diciendo: Pide para ti señal de Jehová tu Dios." Es decir, una señal que indique que lo que Dios promete a Acaz se va a cumplir. Se trata pues de una señal al rey Acaz quien gobernó entre el año 734 y 715 a.C ¡y Jesús apareció siete siglos después! Luego explica en qué consiste la señal: “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen (en hebreo dice joven y no virgen) concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno. Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será abandonada. Jehová hará venir sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre, días cuales nunca vinieron desde el día que Efraín se apartó de Judá, es decir, al rey de Asiria.

Ahora vamos a analizar esta señal punto por punto:

-          He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel." El término hebreo que aparece en este versículo no es "virgen" sino "joven" y una mujer joven no significa virgen. Una búsqueda minuciosa de este término en hebreo basta como para desvelar la verdad y darse cuenta de la falsificación de algunas traducciones, digo algunas porque hay otras Biblia que ponen allí el término “joven” como es el caso de la católica Latinoamericana. Además aquí no dice que lo va a concebir por medio del Espíritu Santo ni que será considerado hijo de Dios o Dios mismo ni que será llamado Jesús, sino Emmanuel y significa “Dios está con nosotros”, tal como pasó con Ismael cuyo nombre significa Dios escucha.

-          Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno.” Lo cual da a entender que no va a faltar comida como señal de que estarían a salvo de la alianza de los dos reyes.

-          Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será abandonada.” ¿Se dan cuenta? El texto habla claramente de los dos reyes mencionados en el comienzo del capítulo y que vivían en la época del rey Acaz y nada tiene que ver con la época de Jesús. Y el reinado de Rasin terminó alrededor del año 732 a.C cuando Tiglatpileser, instigado por Acaz, conquistó Damasco y parte del reino de Israel.

-          Jehová hará venir sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre, días cuales nunca vinieron desde el día que Efraín se apartó de Judá, es decir, al rey de Asiria.” ¿En qué época se acabó el imperio nuevo de Asiria? En el año 609 a.C. Entonces ¿qué tiene que ver esta profecía con Jesús? Absolutamente nada.

 

Ezequiel: Dios fuerte.

Esta profecía se menciona en también en libro de Isaías 9:6: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” Algunos cristianos la interpretan como referencia a Jesús debido al hecho de que profetiza la venida de un niño con las cualidades ya mencionadas en el versículo, y la parte a la que más se aferran es la que dice: “Dios Fuerte”, dando a entender que se refiere a un niño que es, a su vez, Dios encarnado. Sin embargo, otra vez más vamos a demostrar que esta interpretación no tiene nada que ver con Jesús. El versículo habla realmente de un príncipe cuyo nombre significa Dios fuerte, en este caso es el nombre de Ezequías el cual es el decimotercer rey del reino de Judá, hijo del rey Acaz  y que reinó entre 716 a 687 a.C. en un periodo de guerra contra los asirios como se puede deducir fácilmente de la lectura del contexto general tanto de este capítulo como del anterior y del posterior.  

El salvador.

Además de todos los problemas mencionados anteriormente, los cristianos se enfrentan aún a un problema mucho más grave: no existe ninguna profecía en el Antiguo Testamento que diga que Jesús iba a morir por nuestros pecados, por el contrario, todos los textos que profetizan la vida de Jesús indican que fue salvado, protegido y elevado al cielo (eso lo trataremos en el siguiente capítulo). Sin embargo, hay un texto que aparece en Isaías 53 que habla de un salvador del pueblo judío, y que muchos cristianos utilizan para dar crédito a esta falsa doctrina, el texto dice:

1¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. 3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. 4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. 7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. 8 Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. 9 Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.

A primera vista, y con una lectura descontextualizada uno puede llegar a creer que el texto se refiere exactamente a Jesús y su sacrificio con el fin de cargar con el pecado del pueblo Judío, sin embargo, si leemos el capítulo entero vamos a encontrar indicios que nada tienen que ver con Jesús, a saber:

-          El contexto comienza desde el capitulo anterior donde se habla de una liberación de Jerusalén del cautiverio, ¡y no de toda la humanidad del pecado!: “Sacúdete del polvo; levántate y siéntate, Jerusalén; suelta las ataduras de tu cuello, cautiva hija de Sion” (Isaías 52:2), “Cantad alabanzas, alegraos juntamente, soledades de Jerusalén; porque Jehová ha consolado a su pueblo, a Jerusalén ha redimido” (Isaías 52:9) Nada de eso sucedió con la venida de Jesús. Por el contrario, y en pocas décadas de su supuesta “muerte” Jerusalén fue destruida por completo en el año 73.

-          El mismo capítulo describe el siervo de Jehová del siguiente modo: “(…) será prosperado, será engrandecido y exaltado (…) los reyes cerrarán ante él la boca.” (Isaías 52:13-15). Todo el mundo sabe que, según cuentan los evangelios, Jesús no tuvo ninguna influencia política sobre el imperio romano, ni les combatió ni ordenó a sus seguidores que combatieran, de lo contrario, él fue arrestado, humillado y matado por los romanos.

-          En Isaías (53:10-12) lo describe como un siervo con linaje y que ¡fue contado con los pecadores! “Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días (…) por cuanto derramó su vida hasta la muerte y fue contado con los pecadores,” Jesús, según la teología cristiana, no tiene linaje ni fue un pecador.

-          En el versículo 4 dice: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades”, ¿qué enfermedades llevó Jesús? Los evangelios no nos cuentan nada al respecto.

Entonces, ¿de cuál “siervo” habla el capítulo? Si volvemos un poquito hacia atrás, exactamente al capítulo 49, vamos a encontrar la respuesta: “Mi siervo eres, oh Israel, porque en ti me gloriaré.” (Isaías 49:3) Luego prosigue: “Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra.” (Isaías 49:8-9). En definitiva, el siervo no se refiere a Jesús, sino el pueblo de Israel.

La particularidad del evangelio de Juan.

 

Cualquiera que haya podido hacer una comparación minuciosa entre los cuatro evangelios incluidos dentro del Nuevo Testamento, podría notar fácilmente que el Evangelio de Juan tiene algo de especial. Tanto su lenguaje como su contenido demuestran que es de carácter muy místico. Eso se debe a que contiene unos textos que se utilizan frecuentemente por los cristianos para argumentar sobre la naturaleza divina de Jesús (de la misma esencia que el Dios padre), a saber: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” (Juan 1:1-3), “Yo y el Padre uno somos.” (Juan 10:30), El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues dices tú: Muéstranos al Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí?” Pero aún el texto termina afirmando la subordinación completa de Jesús al Padre: “Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.” (Juan 14:9-10)

Lo curioso es que mientras hay escenas y textos que se repiten en los tres primeros evangelios sinópticos, pues ni en estos, ni en los apócrifos, y ni siquiera en las fuentes Q, M y L encontramos estas frases que se repiten en el evangelio de Juan. ¿Cómo es posible que algo sobremanera importante y que tiene que ver con la esencia de Jesús y su naturaleza se declare en un solo evangelio, el último en ser escrito? ¿Los demás evangelios no lo sabían? ¿Olvidaron hablar de ello? ¿No engendra eso muchas dudas de que si realmente estas palabras hayan procedido de Jesús?

Además, estas frases no tienen nada que ver con que Jesús y el padre sean de la misma esencia. Interpretarlas como tal, abriría la puerta a muchos otros problemas de interpretación y que podrían llevar al cristianismo a un callejón sin salida respecto a los credos. Y ya tenemos un claro ejemplo de las disputas que se generan hasta hoy en día entre los unicitarios y los trinitarios, y estos textos del evangelio de Juan constituyen el punto de partida de ambas partes.

Ahora vamos a ver otros textos a los cuales si aplicamos este mismo criterio de interpretación, muchos conceptos cambiarían y otros se cuestionarían.  

Ejemplo 1: “oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.” (Hechos 9:4-6) Más allá de discutir la credibilidad de este testimonio de Pablo, lo que importa aquí es si realmente Jesús fue perseguido por Pablo. Este último nunca vio a Jesús en persona, lo que realmente perseguía Pablo fueron los discípulos y seguidores de Jesús y no a Jesús mismo. ¿Sería correcto decir que tanto Jesús como sus discípulos son la misma persona?

Ejemplo 2: “Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.” (1 Samuel 8:7) ¿Significa eso que Samuel y Dios son de la misma esencia? Claro que no, ellos rechazaron la elección de Samuel que es la misma elección de Dios, por tanto, rechazarla sería como rechazar la de Dios.

Ejemplo 3: “El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió.” (Lucas 10:16) ¿Significa eso que los discípulos y Jesús son la misma persona? Claro que no, solo se entiende que predican la misma enseñanza que procede del que envió a Jesús, el Dios Padre.  Y lo mismo podemos decir de los siguientes textos: “El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a mí sino al que me envió.” (Marcos 9:37), “Mas Jesús clamó y dijo: El que cree en mí no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió.” (Juan 12:44-45)

¿En qué sentido son uno Jesús y el Padre?

El evangelio de Juan dice que Jesús declaró: “Yo y el Padre somos uno” (Juan 10:30). Muchas personas utilizan este versículo para justificar su creencia de que Jesús y el Padre forman parte de un mismo Dios, pero ¿es eso lo que Jesús quería decir realmente? Veamos el contexto: en el versículo 25, Jesús dice: “las obras que yo hago en nombre de mi Padre”, y en el 29 enuncia que su Padre le había dado el cuidado de las “ovejas” y prosigue: “Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” ¿Cómo puede Jesús ser igual a Dios si él mismo dice que su Padre es mayor que todos? ¿Tendrá sentido decir que Jesús y su Padre son el mismo ser? Es demasiado atrevido interpretarlo como tal. Pragmáticamente hablando, lo que Jesús quería decir era lo siguiente: “Nadie tiene poder a quitarme mis discípulos ya que nadie sería capaz de quitárselas al Padre. Dado que mi Padre y yo somos tan unidos, quitármelas equivaldría a quitárselas a Él”. Para aclarar este punto, vamos a imaginar que un hijo dice: “Si alguien le falta el respeto a mi padre, es como si me lo estuviera faltando a mí”. ¿Pensaría alguien que el padre y el hijo son la misma persona? ¿O diría que sus palabras demuestran la estrecha relación que existe entre ellos? Ellos son “uno” en el sentido de que tienen los mismos objetivos, normas y valores. Y si optamos por una interpretación literal de los texto, no tendremos sino que admitir que todos los seguidores de Jesús también forman el mismo ser que el Hijo y el Padre: “para que todos ellos sean uno, como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros” (Juan 17:20, 21).

Además, Jesús siempre mostró su dependencia de Dios Padre, él mismo explicó: “No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre. Porque todo lo que el Padre hace, eso también lo hace el Hijo de igual manera” (Juan 5:19). “Que no se efectúe mi voluntad, sino la tuya.” (Lucas 22:42). ¿Cómo pueden ser el mismo ser si Jesús no tenía la posibilidad de tomar decisiones diferentes a las de su Padre? ¿Y por qué le oraba Jesús al Padre? ¿Y por qué reconoció que había cosas que él no sabía, pero su Padre sí? (Marcos 13:32.) Más claro no puede ser.

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