Escrito por: Othman Hjira
El resumen de la
visión:
Según el libro de Daniel capítulo 7, se cuenta
que el profeta Daniel vio cuatro bestias, cada una simboliza un reino. El
cuarto reino tiene un gran poder en la tierra, y aparecen en él diez reyes luego
aparece un rey que va a humillar a tres reyes. Es un rey incrédulo que va a
cambiar los tiempos y la ley. Su poder durará “tiempo, tiempos y medio
tiempo”, luego su reino será eternamente arrancado de modo que aparecerá un
nuevo reino que tendría el poder supremo y sometería a los reyes hasta el fin
de los días. Este reino empezará con la aparición del “Hijo del Hombre”.
La explicación
cristiana:
Los cristianos
consideran que el “Hijo del Hombre” se refiere a Jesús (paz sea con él) y que
el cuarto reino se refiere al imperio romano; mientras que el pequeño cuerno, la
boca que hablaría grandes cosas, y que sería derrotada por el último reino encabezado
por el “hijo del Hombre”, sería el Anticristo. Esta explicación se debe a que los
sabios y teólogos cristianos no encontraron ningún evento que pudiese haber
tenido relación con la segunda venida de Jesús como “hijo del hombre” y el rey que va a aparecer
después de diez reyes y “será diferente de los primeros, y a tres reyes
derribará.” Es por eso que muchos de ellos alegan que los últimos eventos relacionados
con la derrota del pequeño cuerno ocurrirán en la segunda venida del Mesías, es
decir, en el Apocalipsis. El problema con esta interpretación es que la visión
de Daniel no menciona que el Mesías “Hijo del Hombre” vendría a la tierra dos
veces, una antes de la derrota del pequeño cuerno y otra después, sino una sola
vez (por cierto, ninguna profecía mesiánica en la Biblia dice que el Mesías
tendría dos apariciones).
Asimismo, algunos
hasta llegaron a decir que el reino de los santos del Altísimo es un reino
espiritual que tuvo lugar durante el reinado del imperio romano, y que ganó los
corazones y no las guerras. Se trata, pues, de una falsa interpretación, ya que
la interpretación dada a esta visión en Daniel 7 dice: “y que el reino, y el
dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo
de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los
dominios le servirán y obedecerán.” Por lo tanto, el nuevo reino tiene un dominio
de la misma naturaleza del cuarto reino y todos los reyes le servirán y le
obedecerán, lo cual es una prueba de que tendrá un dominio terrenal. Además,
Jesús no vino a derrocar el imperio romano, él mismo dijo: “Dad a César lo
que es de César, y a Dios lo que es de Dios.” (Marcos 12:17). Y no hay que
olvidar que se cree que fueron los romanos quienes crucificaron a Jesús, por lo
tanto, fueron ellos quienes le derrotaron y no al revés.
En añadidura, se
sabe que la religión cristiana no derrotó al imperio romano, de lo contrario, los
rituales y creencias paganas prevalecientes se infiltraron en la teología, la liturgia,
los símbolos y las fiestas cristianas. De hecho, la conversión del imperio
romano a la nueva religión cristiana en el siglo IV supone una victoria y al
mismo tiempo una etapa muy importante en la evolución del cristianismo. Sin
embargo, y debido a los cambios sustanciales que conoció el cristianismo, el
precio pagado fue muy alto. Con toda seguridad, se puede decir que los
creyentes de la era apostólica no
podrían considerar dicha victoria sino como una catástrofe.
En resumidas
cuentas, nada en la visión de Daniel concuerda con la primera venida de Jesús.
¿Cómo resolverlo? Como hicieron con todas las falsas y/o malinterpretadas profecías
no realizadas en la primera venida de Jesús, acabaron añadiendo el último libro
de la Biblia el “Apocalipsis” (93 d.C) para salvar el cristianismo del colapso
y así mantener a la gente engañada por muchos siglos, esperando
desesperadamente la venida del Mesías que, según la Biblia, tenía que haber
aparecido en la primera generación de los cristianos y no después (Mateo 10:23
y 24:34). (Véase nuestro trabajo: ¿Por qué el Apocalipsis es un libro dementiras?)
La explicación islámica:
Primero, según la interpretación
ofrecida por el ángel, cada una de las cuatro bestias representa un imperio:
- La bestia que tiene la forma de un león con alas de águila representa
al imperio neobabilónico que era muy potente y activo.
- La segunda bestia representa al imperio medo-persia cuyas conquistas
se extendieron hasta el Mar Adriático y Etiopía.
- La tercera bestia, debido a su naturaleza brava e imperiosa
caracterizada por los grandes saltos, representa a Alejandro Magno y sus
grandes victorias. Y las cuatro cabezas simbolizan las cuatro divisiones del
reino después de su muerte.
- La cuarta y la más grande y poderosa bestia representa al imperio
romano en su periodo de máxima fuerza y prosperidad.
Segundo, los diez
reyes que van a aparecer, van a gobernar
de una forma sucesiva, el uno tras el otro y no a la vez, y eso es lo
que pone en tela de juicio la interpretación cristiana. Es decir, aún no pueden
determinar cuál de los diez reyes se habla allí para poder, en fin de cuentas, adecuarlo
con la aparición del “Hijo del Hombre”. Estos diez cuernos fueron quienes opresaron
y reprimieron al pueblo, y solo hay que indagar en los libros de la historia de
la iglesia desde los tres primeros siglos y hasta la conversión de Constantino
al cristianismo, no vamos a encontrar sino las diez famosas atrocidades cometidas
desde Nerón hasta Diocleciano. (Haga clic aquí para leer sobre estas diez persecuciones).
El pequeño cuerno
del que habla la visión representa al emperador Constantino que va a aparecer después
de las diez atrocidades y que va a ser cruelmente competido por tres
emperadores más: Majencio, Maximinio Daya y Licinio. Constantino mató a
Majencio en el año 312 en la batalla del Puente Milvo, Licincio mató a
Maximinio Daya tras su alianza con Constantino, y finalmente Constantino mató a
a Licincio en el año 326 después de que hubo una profunda discrepancia entre
los dos. La visión lo resume del siguiente modo: “Y los diez cuernos significan que de aquel reino (el imperio romano) se levantarán
diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los
primeros, y a tres reyes derribará.”
Entonces, aunque los cristianos no lo quieren reconocer, Constantino concuerda
perfectamente con la bestia pequeña que es diferente a las demás ya que es
aterradora y tiene boca y ojos, es decir, con capacidad de hablar y pensar. En
efecto, el riesgo de Constantino se manifestó en los litigios que causó a nivel
de creencias entre las diferentes ramas cristianas de la época. Tenía una “boca
que habla cosas grandes”, era un
pagano que luego declaró su conversión al cristianismo y fue quien impuso la
naturaleza divina de Jesús y la igualó a la del Padre en el Concilio de Nicea
(325) “Y hablará palabras contra el Altísimo,”,
y así empezó a perseguir y torturar a los cristianos que rechazaron las
resoluciones de dicho concilio “y a los santos del Altísimo quebrantará y
serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo”. Además, fue Constantino quien emitió un decreto según el cual el
domingo (el día del Sol) se convertiría en el día de reposo en lugar del sábado,
y fue quien se encargó de establecer de forma oficial la fecha para la conmemoración
del nacimiento de Jesús el 25 de diciembre aunque los evangelios indican que
nació en primavera. “y pensará en cambiar los
tiempos y la ley”.
¿A qué se refiere la expresión “Tiempo, tiempos y medio tiempo”?
En la mayoría de las interpretaciones dadas a este versículo se dice
que habla de un año, dos años y medio año a pesar de que allí no aparece la
palabra “año”. Pero lo que está claro es que se habla de tres periodos
temporales y medio que podrían ser un día, una semana, un año, un siglo, un
milenio… Históricamente hablando, no hay ningún evento histórico que duró tres
días, semanas, meses o años y medio, tras el cual llegó la salvación a los
santos del Altísimo. Asimismo, si decimos que se refiere a tres mil años y
medio después del comienzo del imperio romano y con ello comienza la opresión a
los santos no casa con la realidad ya que este imperio ya terminó hace muchos siglos
atrás. Y si decimos que se trata de un decenio tampoco cuadra ya que no tenemos
ninguna evidencia histórica de que los santos del Altísimo tuvieron la victoria
en tan solo 35 años después del gobierno de Constantino. En cambio, encontramos
que después de tres siglos y medio del gobierno de Constantino aparece el
profeta Muhammed y con ello empiezan las grandes conquistas islámicas en
Europa, Asia y África hasta llegar más tarde a conquistar la capital del
imperio “Constantinopla”: “se sentará el Juez, y le
quitarán su dominio para que sea destruido y arruinado hasta el fin, y
que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo,
sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino
eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”.
Otra prueba más de que se refiere al islam y los árabes es que este
reino, según Jesucristo, seguramente no va a ser judío del pueblo de Israel,
sino de otra nación diferente: “Por tanto os digo, que el
reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a una nación que produzca
los frutos de él” (Mateo 21:43).
Por tanto, el hijo de Hombre señalado en la visión del profeta Daniel no puede
ser sino el profeta Muhammed: “y he aquí con las nubes del
cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días,
y le hicieron acercarse delante de él. Y le
fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y
lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su
reino uno que no será destruido.”
Es por eso que en Juan 6:14-15 encontramos que los judíos creían que Jesús era este hijo de Hombre que tanto tiempo estaban esperando y quisieron hacerle rey sobre ellos: “Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.” ¿Cómo reaccionó Jesús? Simplemente, no quiso ser nombrado rey de Israel y decidió retirarse al monte solo dando a entender que no era este profeta que ellos esperaban: “Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.”
Antes de concluir considero necesario aclarar una confusión que pueda surgir del siguiente versículo: “y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él”. El profeta Muhammed (paz y bendiciones sean con él) no vino con las nubes del cielo, es hijo de matrimonio normal y su nacimiento fue natural. El hecho de que la visión diga que ha de venir con las nubes no significa que así ha de ser literalmente, sino que podría una alusión de que su mensaje es de origen celestial, es decir es enviado por Dios. Eso mismo entendieron los judíos al creer que Jesús era “el profeta que había de venir al mundo”, ¡y no esperaban que Jesús viniera con las nubes del cielo para hacerle rey! Además, muchos cristianos se confunden con la expresión de hijo de Hombre, ya que todos creen que Jesús es hijo de Dios, ¿es Dios un Hombre? Sería atrevido y hasta peligroso alegar que sí. En cuanto a “vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él”, lo más probable es que el término Anciano de días se refiere al profeta de los últimos tiempos como dice la visión: “su dominio es eterno y su reino es uno que no será destruido”, y los musulmanes creemos que Muhammed es el último profeta y mensajero de Dios, y su venida en sí constituye una señal de que el fin está cerca. De todos modos, la visión entera no hay que tomarla literalmente, es constituida de símbolos que hemos de descifrar, de allí que cuando habla de los cuernos y de las bestias eso no significa que los reinos han de ser bestias con cuernos en el sentido literal de la palabra, y tanto los judíos y como los cristianos entienden eso, pero para evitar reconocer que se refiere al profeta Muhammed recurren a la interpretación literal.
Conclusión:
Otra vez más se queda muy claro que el libro del Apocalipsis no es
sino un intento de camuflar las profecías que tienen que ver con la aparición del
profeta Muhammed y su reino. Al darse
cuenta de que nada concuerda con la aparición de Jesús (cuya segunda venida no
aparece en ninguna profecía mesiánica del Antiguo Testamento): ni fue rey, ni
trajo justicia, ni combatió a los enemigos, ni salvó al pueblo judío de la
esclavitud, etc., entonces la única opción que les queda para tapar esas mentiras
es ilusionar a la gente con la idea de que todo se realizará cuando llegue el
fin de los tiempos. ¡De momento solo se puede tener fe ciega en el futuro! ¡Qué
ingenuos son los cristianos!