martes, 6 de febrero de 2024

El dilema del nacimiento del Hijo por el Padre en el cristianismo primitivo


Se supone que la doctrina de la Trinidad enseña que hay tres dioses, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y dice que los tres son de la misma sustancia. Esta sustancia proviene del Padre ya que es el Dios verdadero digno de ser adorado, mientras que el Hijo adquirió su sustancia divina al nacer del Padre, y el Espíritu Santo la adquirió al proceder de él. Históricamente hablando, llegar a esta conclusión (la igualdad y la consustancialidad de los tres) tomó un tiempo muy largo hasta que la iglesia lo asimiló y lo confirmó. Por otra parte, algunos padres de la iglesia antes del Concilio de Nicea (325 d.C) es posible que dijeran cosas iguales a los padres de la era de los concilios, es decir, que Jesús es de naturaleza divina al igual que el Padre, sin embargo, consideraban que Jesús es de un grado inferior al Padre y que no es igual a él. ¿Por qué pensaban así? Eso se debe a que aún si Jesús apareció antes de las demás criaturas, sería entonces un acontecimiento novedoso producido por Dios el Padre de acuerdo a su voluntad, dicho con otras palabras, este nacimiento de Jesús fue precedido por la voluntad del Padre cuya existencia precede la del Hijo, por tanto, cada nacido depende en su existencia de quien fue la causa de su nacimiento. De allí que sería imposible hablar de una igualdad entre el Padre y el Hijo aunque sean de la misma naturaleza y sustancia.

Esa postura de la no igualdad entre el Hijo y el Padre fue sostenida por los arrianos (seguidores de Arrios) en el Concilio de Nicea, mientras que los demás padres sostenían que el nacimiento de Jesús no dependía de la voluntad del padre ya que con el fin de darle a Jesús la cualidad de la eternidad, intentaron hacer del acontecimiento de su nacimiento como si no fuera un acontecimiento, sino una cualidad inherente y eterna. Por ejemplo, cuando decimos que de las cualidades de Dios tenemos la de “el Viviente”, esta cualidad es inherente a la naturaleza de Dios y no aconteció en un momento dado. ¿Sería lógico decir que Jesús nació del Padre eternamente y para siempre y que su nacimiento es una cualidad eterna y nada tiene que ver con la voluntad del Padre? El problema de los cristianos es que quieren deshacerse de las antiguas concepciones de los cristianos primitivos y sustituirlos por otras nuevas según sus antojos.

Ahora bien, para saber si el nacimiento de Jesús fue acontecido en un momento dado o es una cualidad eterna vamos a plantear la siguiente pregunta: ¿existe algún texto en la Biblia que relaciona el nacimiento del Hijo con algún tiempo preciso? La respuesta es: sí. “Mi hijo eres tú; yo te he engendrado hoy” (Salmos 2:7). Este texto se repite en el Nuevo Testamento también: “¿a cuál de los hijos dijo Dios jamás: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy, y otra vez: yo seré para él Padre, y él será para mí hijo?” (Hebreos 1:5); “Así como Jesús se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.” (Hebreos 5:5). El marcador temporal “hoy” significa que el nacimiento de Jesús no es eterno sino novedoso, es decir, nació en un tiempo dado. Es por eso que los padres apostólicos y los del segundo y tercer siglo (antes del concilio de Nicea) consideraban que el nacimiento de Jesús no fue una cualidad eterna sino un acontecimiento novedoso precedido, por consiguiente, de la voluntad del Padre.  

Además de los arrianos, Ignacio de Antioquía (35-110 d.C) discípulo directo de San Pablo y San Juan, y segundo sucesor de San Pedro en el gobierno de la iglesia de Antioquía, por tanto, es considerado un padre apostólico por su cercanía cronológica con el tiempo de los apóstoles, además fue el primero en aplicar el adjetivo de “católica”, es decir, universal a la iglesia. En su carta a los esmirneanos capítulo 1 dice sobre Jesús: “Hijo de Dios por la voluntad y poder divinos” Esta cita es tan peligrosa ya que adquiere su fuerza y su relevancia por ser atribuida a Ignacio de Antioquía, uno de los padres apostólicos. De allí que los cristianos arrianos creían que Jesús no puede ser un Dios ya que no es igual al Padre y, por tanto, no puede ser de su misma naturaleza.

Entre los padres del segundo siglo encontramos a Justino Mártir (100-168 d.C), conocido también como Justino el Filósofo, fue uno de los primeros apologistas griegos que defendieron el cristianismo. En su famoso diálogo con Trifón el judío capítulo 61 dice: “Así que todas estas denominaciones le vienen por estar al servicio del designio del Padre y por haber sido engendrado por voluntad del Padre.

Ahora bien, ¿quién debe enseñar el credo a quién? Si tenemos a un padre de la era apostólica y otro del segundo siglo y otros de la era de los concilios (siglos 4, 5, etc.) ¿a cuál debemos tomar más en consideración en cuestiones del credo y las creencias, a los primeros o a los tardíos? Parece que en el cristianismo todo anda al revés, los padres tardíos del cuarto siglo fueron quienes corrigieron los credos y las creencias de los padres apostólicos y los del segundo siglo.

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